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martes, 28 de octubre de 2008

Los heraldos negros (César Vallejo)

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!


domingo, 21 de septiembre de 2008

Cambio.


Benjamin en sus 'Tesis sobre la filosofía de la historia', tiene un consagrado comentario al 'angelus novus' de Klee. En ese comentario escrito a mediados del siglo pasado nos muestra la vertiginosidad e ineluctabilidad de los cambios: nos muestra, como comenta Habermas, como el progreso ha coagulado en norma histórica. Otros autores, ligados a la sociología de la modernidad (hermoso pleonasmo, como ya nos lo señaló Wagner) nos muestran que el derrumbe de la estación final de los metarrelatos no ha evitado que la locomotora que tenía la consigna del progreso o de la revolución, siga a toda máquina, teniendo por consigna ahora la idea de cambio, cambio no teleológico o programado, sino azaroso y contigente. Eso nos ha obligado a vivir en un constante presente que se muestra como transito a otro estado pero también como fin en sí mismo. En la primera modalidad, el transito no tiene una vía definida, pero a pesar de esto se manifiesta como tal; se ven signos en las personas: esperanza, espera, angustia, fatalismo. El camino y el fin no parecen claros, pero están al fin y al cabo, sólo hay que esperar. En la segunda modalidad, se constituye como norma de existencia un mal entendimiento del 'carpe diem'; una especie de hedonismo, que saborea segundo a segundo el placer, y he ahí su fin. En cierto modo el medio transformado en fin. Un presente que se muestra como un acontecimiento vacio, ya que no importa lo que se haga no modificará el futuro ni el pasado, sólo debe ser erotizado el ahora: 'Porque la vida es ahora', nadie como VISA sabría formular mejor el imperativo categórico.


La génesis de esta coagulación, nos dirá Wallerstein, viene de la mano de los burgueses post revolución francesa (1789). Nos dirá este autor que en el momento que vieron este gran socavamiento del orden anterior, se denotó la instauración de un nuevo orden, valiéndo el oxímoron, el 'orden del cambio'. Era inevitable que quedase en los corazones de la gente, luego de derrocado el viejo orden, que la estabilidad era (pro)puesta por las personas. El fundamento era el sujeto (valiendo la redundancia). Por lo cual eran los mismos hombres quienes tendrían la capacidad y la obligación de transformar los nuevos ordenamientos viciados: ya había funcionado la fórmula, por qué no ocuparla de nuevo. Este acontecimiento (en el sentido Heideggeriano) puso en relación todos los sistemas de pensamiento político reticulados en torno a este concepto: todos sabían que el cambio era inevitable, había que proponer formas y procesos particulares. El marxismo tendría alguno, el conservadurismo otro. Eso es lo que menos importa.


La perorara anterior, la señalo a raiz de que en estos últimos tiempos he vivido algunos cambios. Se supondría que históricamente y socialmente -soy hijo tardío de la modernidad- debiese estar vacunado para el cambio, si no gozarlo, al menos sobrellevarlo bien, no como obstaculo. Creo que esto último pasa. Pero la dificultad de este cambio ha sido mayor de lo que preveía. No es que sufra o algo así, al contrario, estoy bastante bien. Sin embargo, no dejo de reverberar o rumiar el cambio. Eso creo es lo que deja estos resabios en mi blog, esa repetición. Y eso creía que no debería haber pasado según todo lo dicho en mi circunloquio anterior. La verdad lo digo metafóricamente, porque es imposible -e incluso patológico (deformación profesional)- no sentirse con un poco de desasociego ante un 'acontecimiento'.


Soy en parte como el 'angelus novus' que se ve obligado a avanzar y que no puede evitar mirar atrás y desear buscar entre los restos algo útil, sin embargo con gozo y con el pecho henchido he desmontado mis cuadros y desenfondado mis antiguos papeles para poder decirme 'moderno' y vivir el cambio de manera activa, sin por eso pretender olvidar mi pasado.


O algo así.

sábado, 12 de julio de 2008

A Romina Canessa.

Nathalie

Estuvimos a punto de ejecutar un trabajo perfecto,
Nathalie en una casa de piedra de Provenza.
Dirás ahora que todo estuvo mal desde el principio
pero lo cierto es que exhumamos, como por arte de magia,
todos, increíblemente todos los restos del amor
y en lo que a mí respecta hasta su aliento mismo:
el ramillete de flores de lavanda.
Es cierto: nuestras buenas intenciones fracasaron,
nuestros proyectos se redujeron al polvo del camino
entre la casa de Lulú y la tuya.
No se podía ir más lejos con los niños
que además se orinaron en nuestro experimento;
pero aprendí a Michaux en tu casa, Nathalie; una
vociferación que me faltaba,
un dolor, otra vez, incalculable
para el cual las palabras no tienen gusto a nada.

Vuelvo a París con el cuaderno vacío,
tu trasero en lugar de mi cabeza,
tus piernas prodigiosas en lugar de mis brazos,
el corazón en la boca no sé si de tu estómago o del mío.
Todo lo intercambiamos, devorándonos: órganos y
memorias, accidentes del esfuerzo por calarnos a fondo,
Nathalie, por fundirnos en una sola pulpa.

Creer en dios; sólo me falta esto
y completar, rumiando, el ciclo de la baba,
a lo largo de Francia.
Pero sí, trabajamos duramente
hombro con hombro, ombligo contra ombligo
y estuvimos a punto de sumergirnos en Rilke.

No hemos perdido nada:
este dolor era todo lo que podía esperarse;
sólo me falta aullarlo en el momento oportuno,
mi viejecilla, mi avispa, mi madre de
dos hijos casi míos, mi vientre.

"Va faire dodo Alexandre. Va faire dodo Gérome."
Ah, qué alivio para ellos
el flujo de la baba de la conciliación. Toda otra
forma de culto es una mierda.
Me hago literatura.
Este poema es todo lo que podía esperarse
después de semejante trabajo, Nathalie.














Post Scriptum: De veras lo siento.

domingo, 13 de abril de 2008

Sin título.


V

Esté donde esté
–sentado o de pie–
si me descuido:
lloro.


Ni Yo - Claudio Bertoni

martes, 14 de agosto de 2007

Triste Interludio




XVI



Puedo hacer que tu nombre
suene
Violento
al levantar la voz rasposamente.

Puedo hacer que tu nombre
suene
Revolucionario
si remarco la 'R' y la alargo.

Puedo hacer que tu nombre
suene
Cortazeano
si reemplazo la 'R' por una 'G'.

Puedo hacer que tu nombre
suene
Profundo
si lo susurro al aire.

Puedo hacer que tu nombre
suene
Cercano
si sólo pronuncio las 2 primeras sílabas.

Puedo hacer sonar tu
nombre
Mudo
si sólo pienso en él y no lo nombro.

Puedo hacer sonar tu
nombre
Aburrido
si lo repito una y otra y otra vez sin cesar en la vía pública.

Puedo hacer sonar tu
nombre
Sagrado
si no lo comparto con nadie.

Puedo hacer sonar tu
nombre
Chabacano
si me lo tatúo en el brazo.

Puedo hacer resonar tu
nombre
si
hoy
lo transformo
en
poesía.


(De '...Poesía pedestre')