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domingo, 14 de agosto de 2011

Ahora sí.

Mientras pienso cómo hacerte
literatura
te marchas por los
escalones del edificio.

En realidad
me dirás
soy yo
quien se
escapa de ti
y
de mi
garabateando
en un cuaderno
y
diluyéndome
como
la tinta en la hoja.

sábado, 13 de agosto de 2011

Al silencio.

Si se ha de escribir correctamente poesía
no basta con sentirse desfallecer en el jardín
bajo el peso concertado del alma o lo que fuere
y del célebre crepúsculo o lo que fuere.
El corazón es pobre de vocabulario.
Enrique Lihn, Si se ha de escribir correctamente poesía


Ese silencio tuyo de pasillo de hospital y
esos ojos que hablan claramente de tu mutismo
selectivo:
me muestran que te
ocultas; te me ocultas.

Lo único que en realidad hemos compartido
con suerte o
por mala suerte
ha sido un vaso plástico trasparente con vino
de múltiples categorías
y el humo de tu cigarro pegado en la ropa
y el cabello
a la mañana siguiente de la
fiesta.

Sí,
tú hiciste poesía
en mis lentes
cuando los rompimos
por una disyunción inclusiva:
por arte o por magia,
o tal vez por un error mayúsculo
que tú sí que comprendías sin saberlo:
"después te vas a arrrepentir de esto".

No te lo esperabas.

Y por fin entendí que te veía borroso
antes, mucho antes
de la vida trasuntada en ese evento o la
(mala) fortuna.

Si hablara con Günter Gaus
no me quedaría sino empezar
protestando:
yo no pertenezco al círculo de poetas.
solo soy un intento de anverso.

Y ahora ni siquiera me queda lengua.


martes, 26 de julio de 2011

Dame tu sucio amor - Marilú Urriola

Urriola un gran descubrimiento. Dedicado para nadie.

"Dame tu sucio amor que se quema sin llamas, mi corazón ha afollado, derramado en su vicio, alojado en su tumor, labré mi dolor en la peor herrería, el barro cubre mis pies, me he revolcado en un amor bastardo, con la holgadura de una delincuente cercené, arrojé la dura carga de amar en la soledad, en medio de la caída y el desfallecimiento, dame ese amor sucio, lastima mi alma, cúbreme."

lunes, 25 de julio de 2011

La portadora - Jorge Teillier

[Para L.H.]

Y si te amo, es porque veo en ti la Portadora,
la que, sin saberlo, trae la blanca estrella de la mañana,
el anuncio del viaje
a través de días y días trenzados como las hebras de la lluvia
cuya cabellera, como la tuya, me sigue.
Pues bien sé yo que el cuerpo no es sino una palabra más,
más allá del fatigado aliento nocturno que se mezcla,
la rama de canelo que
los sueños agitan tras cada muerte ,
que nos une
pues bien sé yo que tú y yo no somos sino una palabra más
que terminará de pronunciarse
tras dispensarse una a otra
como los ciegos entre ellos se dispensan el vino, ese sol
que brilla para quienes nunca verán.

Y nuestros días son palabras pronunciadas por otros,
palabras que esconden palabras más grandes.
Por eso te digo tras las pálidas máscaras de estas palabras
y antes de callar para mostrar mi verdadero rostro:
"Toma mi mano. Piensa que estamos entre la multitud aturdida
y satisfecha ante las puertas infernales,
y que ante esas puertas, por un momento, llenos de compasión,
aprisionamos amor en nuestras manos
y tal vez nos será dispensado
conservar el recuerdo de una sola palabra amada
y el recuerdo de ese gesto,
lo único nuestro".

lunes, 26 de julio de 2010

Una disquisición y un poema.

No he tenido mucho tiempo como para prestarle la atención que se merece a mi blog. Eso me parece un poco preocupante, puesto que mi blog es un algo así como medidor del nivel de mi reflexividad, cavilaciones, preguntas y destellos. De seguro que ese vacío es producto del trabajo y de estudiar una segunda carrera de pregado.

Los pregrados no le dan genuina cabida a la capacidad de rumiar, tan ensalzada por Nietzsche, como lo propio del filósofo: a penas se pueda masticar, saborear y digerir lo visto; más bien abunda lo vertiginoso, el apuro, el resultado.

Como siempre, hasta en la academia, que continuamente se cree librada, podemos ver la colonización de las lógicas sistémicas (ganancia y productividad) en desmedro de la lógica del entendimiento, la constitución de intersubjetividad y el encuentro.

Han pasado muchas cosas: el aumento sucesivo, violento, voluntario y sistemático del precio de la locomoción colectiva (que dicho sea de paso debiese ser penado como crímen de lesa humanidad); la sugerencia de indulto de criminales por parte del Episcopado; las desafortunadas declaraciones de la sub-directora del Junji; La negativa del gobierno a dar indulto; el aumento de patología en el AUGE, pero con el consecuente (y desconocido) efecto para la salud mental: se elimina la psicoterapia dentro de los protocolos de depresión.

Se podrían mencionar cientos sucesos más, pero la verdad es que desconosco muchos otros por tener escaso tiempo.

No deja de ser curioso el hecho que la profesión que uno suponía que podría contribuir a la mejoría y a la subjetivación de otros termine, finalmente, desbubjetivándome en muchos casos, y al mismo tiempo no logrando que se contribuya a la mejoría de otros. La verdad es que son contingencias.

Realmente tenía por intención en la presente entrada poner un poema de Pablo Neruda, que me resuena una y otra vez en la cabeza como el infinito mar lo hace en una caracola. Este poema es de su 'Residencia en la Tierra'. A mi juicio (de lego culto como diría Freud) es uno de los mejores poemas del vate. La estrofa que más me deleita es la cuarta: "A lo sonoro llega la muerte / como un zapato sin pie, como un traje sin hombre, / llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo, / llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta. / Sin embargo sus pasos suenan / y su vestido suena, callado, como un árbol." Innevitablemente (por deformación profesional) me hace pensar en el síntoma, como ese trozo de muerte (que igualmente es vida) que en su silencio hace resonar más que cualquier palabra: llega a gritar sin boca ni lengua ni garganta sin embargo sus pasos suenan.

Aquí dejo el hermoso poema de Neruda



SÓLO LA MUERTE

Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel al alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido sin perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.
Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado, como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos,
la muerte está en la escoba,
es la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.
La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante.

domingo, 28 de febrero de 2010

Notas a propósito del terremoto...

I

El terremoto ocurrido hace poco más de dos días (27 de marzo) a eso de las 3:30 am estremeció a todo el país de un modo particular. No sólo porque ha sido uno de los más fuertes en el mundo y en Chile (8,8º Richter es la medición oficial), ni porque alcanzó más de 1.200 km del país; tampoco debido a que la séptima y octava región han quedado enormemente destruidas; no es por las pérdidas humanas, que según las cifras oficiales alcanza poco más de las 700 personas y es seguro que sigan aumentando. A mi juicio, lo que fundamentalmente le da un tenor particular a este dramático desastre se debe a la imposibilidad de darle sentido, capturar y encontrar un rostro culpable de todo lo sucedido. A eso se suma la actual posibidad de una masiva entrega de información en tiempo real, posibilitadas y filtradas por los medios de comunicación, y que nos hacen experimentar una realidad que va más allá de nuestro contacto directo. Como sabemos, la realidad de nuestro tiempo actual está estructurada fundamentalmente por imagenes; imagenes entregadas y filtradas por las tecnologías de la información y la comunicación (TIC's).

Esas dos coordenadas -la de exposición a imagenes o experiencias y la de lo insimbolizable de éstas- son las condiciones propias de lo traumático.

I I

Los medios de comunicación son claramente performativos. Hemos visto que durante los últimos dos días éstos se han dedicado a mostrar un conglomerado de catastrofes. Algo así como un puro concentrado de imagenes que connotan la destrucción material, la pérdida vital, la devastación personal, la angustia y la anomia. Entonces toda esta devastación no esta siendo vivida minuto a minuto solamente por los implicados sino y seguidamente por toda una serie de personas que no están cercanos a tal desastre. Podemos afirmar del mismo modo que lo que es mostrado por los medios de comunicación no es visto por aquellos que más duramente fueron golpeados por tsunamis y terremotos. Debemos ser capaces de entender que la realidad (o dicho en sociológico: 'la construcción de la realidad social') está configurada por la información y las imágenes entregadas. Así podemos concluir que la imagen generar de lo que entendemos por nuestra realidad cercana es una profunda sensación de total destrucción, a pesar que de hecho no es tal. No afirmamos que no haya destrucción, sino que en lugares con Santiago -por ejemplo- se sobredimensiona la vivencia de lo catastrófico a niveles exponenciales: sentimos un gran trauma en donde no hay herida alguna.

I I I

Estos eventos que entran en la aparente recta línea de nuestra vida de modo súbito es lo que Lacan nomina 'lo real'. La peculiaridad de lo real -que no es, por cierto, que sea elaborada por Lacan- es una vivencia que rompe con todo órden: no es esperado como acontecimiento, no puede entenderse una vez sucedido, con el acontecimiento pasado-presente-futuro serán reescritos; en definitiva, el órden de lo simbólico no lo logra captar, queda como un resto excluido de la nominación, de la comprensión. Ese encuentro con lo siniestro, brutal, intolerable e improcesable es lo que nominamos como lo Real.

Al ser nosotros, humanos, seres que habitan continuamente -aquello que Heidegger nominaba como 'la casa del ser'- el registro del lenguaje, del habla, de los símbolos, intentámos continuamente abarcar lo inabarcable de lo real apalabrándolo. Sin embargo, como nos podemos dar cuenta, tal labor es estructuralmente un imposible. Sólo un ejemplo en el nivel de lo personal: no por hablar de la muerte súbita de un familiar, el nudo de lo real quedará resuelto; siempre quedará un nucleo indecible.

Esta superficie vacía de palabra, como es el terremoto, que pulsa continuamente, que nos angustia ante la incontrolable inminencia de su potencial aparición, inevitablemente obliga a buscar respuestas. Una de éstas me interesa particularmente: sabemos que desde el momento del terremoto ha habido una oleada de personas que han atiborrado las estaciones de servicio de combustibles con el fin de cargar los estanques de automóviles, las filas de espera llegan a cuadras; los supermercados han sido otro foco conflictivo puesto que se han atiborrado de personas y, lo notamos, las compras han sido superiores a las normales y muchos se han dado la licencia de ir a sacar mercadería de centros comerciales. Por otra parte he oído mucha gente que señala que estos desastres se unen a una oleada de otros de igual magnitud, lo que configuraría una especie de cadena singular nunca antes vista que nos intenta entregar un mensaje: algo así como el apocalípsis, el fin de los tiempos, el fin del calendario.


Si nos damos cuenta lo que estas personas buscan con el sismo es un supuesto mensaje que debe ser desvelado tras el lugar del sismo, que en sí mismo está vacío de todo contenido, cuando en realidad el mensaje posible es el ser mismo del sismo, a saber, el vacío de palabra de éste; es decir el mensaje es justamente el objeto que en la catastrofe se resiste a toda simbolizaciión, o dicho con Mc Luhann: el medio (el desastre) es el mensaje (en sí mismo). Zizek afirma en el mismo sentido:

Cuando la carta llega a su destino, la mancha que arruina el cuadro no queda abolida, borrada: lo que nos vemos obligados a captar es, por el contrario, el hecho de que el verdadero ‘mensaje’, la verdadera carta que nos aguarda es la mancha misma. (Zizek en 'Goza tu síntoma' p. 21)

I V

Como conclusión de esta situación parece productivo y sensato los dichos del mismo Zizek: "Sencillamente lo que debemos aprender a aceptar lo real de esa crisis en su actualidad carente de sentido, sin cargarla con algún mensaje o significado". En efecto, las lecturas apocalípticas, o las desestimaciones de lo que sucede quitan toda la carga material que nos puede entregar el fenómeno como tal para elaborarlo. Tal distancia que hay que tomar nos debe conducir a una conclusión importante sobre la actual crisis, para lo cual citaremos a Zizek (y en esto ya parecemos fundamentalistas citando a su texto sagrado): "El hecho de que el hombre es un ser hablante significa precisamente que, por así decirlo, está constitutivamente 'fuera de carril0, marcado por una fisura irreductivle que el edificio simbólico intenta reparar en vano. De tanto en tanto, esta fisura hace irrupción de alguna manera espectacular, recordándonos la fragilidad del edificio simbólico...".

V

Si algo productivo tiene este enfoque que toma los aportes de Lacan, es precisamente que sabe detenerse en algún momento en la búsqueda de sentido y significados de los hechos. Tal vez ese es el mensaje y la lección que debemos aprender del terremoto, y al mismo tiempo parece que ese es el mensaje que tiene que entender parte de las ciencias sociales: como la sociología, el evolucionismo, la psicología y el socioconstruccionismo; tan sólo por mencionar algunos.

viernes, 22 de enero de 2010

Una identificación para el repertorio.

Como bien sabemos, la identidad se construye con trozitos y retazos de otros, en una especie de vitral. Desde lejos uno puede ver una imagen definida en forma y contenido; en cambio desde cerca, se ven imperfecciones y asperezas del material: se aprecia la heterotopía del conjunto;
además se dificulta reconocer una figura con contornos: tan sólo se ven trozos; y, en definitiva ya no cumple la función de una figura, sino más bien la de un lente, pues no se ve ella sino a través de ella. El reflejo que se proyecta, por cierto es poco claro, como el de un lente trizado. Eso en psicoanálisis se llama identificación:

"Sigo sin tener posición política, religiosa o filosófica firme. Cambio todos los meses; por eso estoy obligado a atenerme a contar cómo mis héroes se aman, se casan, hacen hijos, mueren y hablan" (Antoin Chejov)

jueves, 24 de diciembre de 2009

Aviso de (in)utilidad pública: o de la repetición a la elaboración

En el último tiempo no he publicado absolutamente nada. Me dí cuenta a qué se debe: intento subir textos que estén completamente acabados. Ese es el error. cuando construí este sitio, este espacio, no tenía por intención llenarlo de potenciales ensayos, artículos, notas o poemas (para eso hay otros sitios, virtuales o físicos); sino más bien de errores, tanteos, tips, ideas, hipótesis, émesis. En suma, textos a medio camino o -en buen shileno- de 'medio pelo'.

Este desplazamiento incesante -este patear el mojón- de lo que puedo hacer hoy hasta un difuso mañana es parte de mi neurosis: acabo cuando no tengo que acabar y no acabo cuando tengo que hacerlo.

Trayéndome a colación el poco afortunado neologísmo que le dio inicio al blog, a saber, 'panoxismo', hace darme cuenta que ese inestable equilibrio entre el 'paroxismo' y el 'panoptismo' ha desaparecido. En efecto, ahora me controlo, me reprimo y cohibo de escribir estupidecez, como la presente, ¡que en el fondo siempre fueron el objetivo!, en tanto me siento observado por el gran Otro de la inet. Ese que eres tú, lector de pacotilla. Lector al cual escribo estos síntomas (Sí, lo sé Cristian... defensa maníaca): el péndulo en uno de los extremos, el del panóptico.

Para quitar el cotorreo, voy al grano. La intención actual es (o al menos mi intención es llegar a tener esa intención) dejar de filtrar ('reprimir' para lo amigos de Freud a Lacan) las anotaciones que haga (sí, en freudiano dejaré de 'dar caza a las representaciones reprochables).

Se ha cumplico (como siempre) parcialmente el objetivo: hoy publiqué un paroxismo hasta el mismísimo paroxismo.

- Si, total, nadie comenta mis émesis. Así que no pierdo nada.
- pero podría.
- Mh...


Voilá.

P.S: nueva ópera prima.

P.S.2: ese cuadro es de Basquiat.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Claude Lévi-Strauss (31 de octubre de 1908 - 1 de noviembre de 2009)


Descance en paz. Falta mucho para que el estructuralismo muera.

Me parece oportuno dejar un video. En él se resume notablemente la carrera intelectual de este gran autor; además cuenta con subtítulos en castellano:

viernes, 20 de marzo de 2009

I Pagliacci Final del primer acto: Vesti la giubba (aria para tenor). Leoncavallo

Recitar! Mentre preso dal delirio,
non so più quel che dico,
e quel che faccio!
Eppur è d'uopo, sforzati!
Bah! sei tu forse un uom?
Tu se' Pagliaccio!


Vesti la giubba,
e la faccia infarina.
La gente paga, e rider vuole qua.
E se Arlecchin t'invola Colombina,
ridi, Pagliaccio, e ognun applaudirà!
Tramuta in lazzi lo spasmo ed il pianto
in una smorfia il singhiozzo e 'l dolor, Ah!


Ridi, Pagliaccio,
sul tuo amore infranto!
Ridi del duol, che t'avvelena il cor!


martes, 10 de febrero de 2009

L'elisir d'amore, Acto II, Escena 2 Una furtiva lagrima de Gaetano Donizetii

Una furtiva lagrima
negli occhi suoi spuntò:
Quelle festose giovani
invidiar sembrò.
Che più cercando io vò?
Che più cercando io vò?
M'ama! Sì, m'ama, lo vedo. Lo vedo.
Un solo istante i palpiti
del suo bel cor sentir!
I miei sospir, confondere
per poco a' suoi sospir!
I palpiti, i palpiti sentir,
confondere i miei coi suoi sospir...
Cielo! Sì, può morir!
Di più non chiedo, non chiedo.
Ah, cielo! Sì, può! Sì, può morir!
Di più non chiedo, non chiedo.
Sì, può morir! Sì, può morir d'amor.

domingo, 30 de noviembre de 2008

El deseo es un fingidor

La otra vez fui a una jornada que se centró en el tema de 'cuerpo y psicoanálisis'. Ambos temas recién los estoy descubriendo, y me han sido muy interesantes. En particular me pareció estupendo el hecho de la conjunción de ambos temas, ya que a mi juicio dicha articulación es una resistencia en contra de la monopolización de la intervención y reflexión del y sobre el cuerpo. Con eso me refiero a los transpersonales, que no sé bajo qué pretensión creen que el cuerpo es un ámbito propio de su espacio geopolítico; es claro que ese es un ejemplar y un síntoma de un conjunto más amplio, lo que Jay Gould denomina "Místicos Californianos".
El tema no es ese en realidad. Lo que deseo comentar(me) es la conversación que tuve en el receso de almuerzo de esa jornada con un muy buen amigo y, a mi gusto, un muy buen poeta; claro, hablo de Manuel Araneda. Habitualmente es en los pasillos es donde los congresos y las conferencias cobran vida, y es precisamente allí donde uno más discute y aprende, sobre todo si consideramos lo 'fama' que son los dispositivos conferenciales, en contraposición con el coloquio de pasillo, que es totalmente 'cronopio' -al menos en nuestro caso.
Uno de los temas que más hablamos fue el del lenguaje y el de lo simbólico. A mi gusto, y eso era lo que yo defendía, no hay nada más allá ni más acá del lenguaje, de lo simbólico (que no son lo mismo pero sí). La distinción entre uno y otro, que hacía yo era que el lenguaje era al eje sintagmático lo que lo simbólico al eje paradigmático; lo que en el fondo señala que ambos niveles están compuestos de lo mismo. En la discusión terminó saliendo el tema de lo que no puede ser dicho, y en efecto yo señalaba que lo que no puede ser dicho existe, sólo en tanto es delimitado por el lenguaje, en tanto señalamos que hay un espacio oscuro y nebuloso del cual no podemos hablar. Un ejemplo de ello son las emociones. Éstas no pueden ser dichas, y cuando lo son dichas, en verdad y en último término sabemos que no. Ahora, estas emociones existen en la medida que son contrapuestas a un lenguaje, un lenguaje que no le es permitido clarificar que son las emociones. Por eso las emociones se nos presentan con la imagen de 'oscuridad', de 'nebuloso', de 'interior'. En suma, mi opinión es que si no hay lenguaje no hay emociones, con la condición que la emoción solo existe en ese espacio que no hay lenguaje. A todo eso le llamé un 'desconocimiento conocido': en términos pedestres, podemos pensar que ese fenómeno se da muchas veces en el campo cuando uno camina en plena noche sin luz eléctrica de la casa del amigo a la propia, y en el trayecto no sabemos lo que hay pero conocemos ese 'no saber lo que hay'; y es así que llegamos a nuestra casa. En términos más axiológicos podemos pensar la relación con la muerte, que desconocimiento más conocido que ese. De esta imposibilidad de hablar es de una de las que más hablamos.
En ese mismo sentido terminé señalando que siempre habría un resto, un algo que no podría ser dicho, que quedaría sólo para uno. Y ni siquiera uno sabría muy bien qué decir al respecto de eso que quedó solo para uno, pues es claro que no puede ser dicho: hay algo que es en una parte y en otra no es, que no puede ser dicho a nadie, ni siquiera para uno.
Manuel, mi amigo, me dijo de inmediato que no estaba de acuerdo pues en la poesía el poeta comunicaba y hacía sentir a otros lo que él mismo sentía (lo dijo con mucha más lozanía, como es característico de él)... no supe bien qué decirle en ese momento, la verdad y justo nos teníamos que ir, así que la discusión llegó hasta ese punto. Es más, lo había olvidado hasta que me puse a leer un libro y a pensar sobre Pessoa y Lihn. Y he llegado a pensar con estos últimos referentes que la poesía es la escritura de una imposibilidad. Se inteta decir aquello que justamente cuando es dicho se desvanece. Aquello que en cada intento de articulación termina desarticulado.
"El deseante no puede decir nada de sí mismo, si no aboliéndose como deseante. Esto es lo que define el lugar puro del sujeto en tanto que vano, incluso la síncopa del lenguaje es impotente para decir, porque, desde que dice, el sujeto no es ta nada más que un pedigüeño, pasa al reistro de la demanda y es otra cosa" (J. Lacan, Seminario VIII 'La transferencia').
Eso me hizo pensar que nunca está todo dicho y no porque no se quiera, si no porque no se puede. En este mismo gesto se circunscriben los poetas. Intentan decir lo que no pudo ser dicho, y en ese mismo gesto su poema no cumple lo que pudo ser en su concepción original. Pienso que es por eso mismo que los poetas nunca dejan de escribir. En ese escribir intentan colar ese deseo (¿deseo de qué?, no sé, pero deseo de algo) a través del poema, y que en efecto pareciera que se cumple, pero no: "Pero escribí: tuve esa rara certeza / la ilusión de tener el mundo entre las manos / -¡qué ilusión más perfecta...".
Es por esa imposibilidad que se repite el acto de la escritura, es por eso mismo que siguen habiendo más poetas. Si hubiese sido la palabra dicha, ya no tendría nadie más que escribir. Y pues, creo que esa experiencia la debe vivir cualquier poeta o escritor cuando termina sus textos y los repasa, de cierto modo van perdiendo el encanto primigenio. Luego son desperdigados y otros le encuentran ese encanto que, bien sabrá alguien cuál es. El escribir es un acto de repetición que nos hace vivir a muchos, a otros al contrario los hace morir. Lihn dice en ese mismo poema citado, cuando cierra en el último verso: "porque escribí, porque escribí estoy vivo"; uno podría cambiarlo diciendo en lacanes (a pesar de lo horrible que pueda sonar): "porque desee, porque desee estoy vivo". Pienso que en el gesto de escribir en efecto se expresa una imposibilidad, pero como negatividad. Aparece el gesto del deseo, pero en su ausencia de presencia.
Finalmente creo que el texto recién puesto de Lacan puede ser complementado con un poema de Pessoa que una vez ya fue colocado en este espacio, y es 'Autopsicografía', que a mi juicio muestra totalmente esa imposibilidad del poeta, que lo derrumba pero lo hace vivir.
El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que en verdad siente.
Y, en el dolor que han leído,
A leer sus lectores vienen,
No los dos que él ha tenido,
Sino sólo el que no tienen.
Y así en la vida se mete,
Distrayendo a la razón,
Y gira, el tren de juguete
Que se llama corazón.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Una tonta analogía

Ando un poco irónico y discriminador con todo lo que no se parece a mi en este último tiempo. Es siguiendo ese impulso que escribiré esta tonta e inútil reflexión, que me anda dando vuelta por la cabeza, sé que nada tiene de productivo, sin embargo así puedo escribir algo en mi blog.
Los judíos ortodoxos tienen una serie de usanzas que no me llego a explicar. Como todas las creencias rayanas en la fe, hay una serie diversa de prácticas que de buenas a primeras no se pueden encasillar en las categorías que uno, como ateo e ignorante de la religión, posee.
Una de las que no entiendo y me he dado una explicación burda y mitológica es la del uso del Kipá (o yarmulke en yidish). El Kipá es un gorro pequeño, habitualmente hecho de tela, que cuando se pone cubre parcialmente la cabeza. Éste se ajusta a la curvatura de la cabeza. Es un gorro típico y muy conocido por cualquiera.
En realidad no creo la explicación de que éste intentaría hablar sobre la superioridad de Dios o algo así, mi explicación es otra, y es como sigue: Los judíos tienen una serie de prácticas extrañas, una de ellas es la circunsición masculina. En este procedimiento se le corta el prepucio al varón. Por lo demás, es claro que no tienen una buena explicación para esto, pero no tengo interés de pensar burda y mitológicamente ese fenómeno. Esto hace que el glande sea visible siempre. Siguiendo al psicoanálisis, sabemos que lo perdido intenta recuperarse de alguna manera simbólica, a veces emerge como síntoma, otras veces como lapsus lingüe, etc. En este caso, el desplazamiento simbólico es con el kipá. Es decir, lo que estuvo alguna vez abajo fue desplazado, metaforizado -en términos lacanianos- en la cabeza, es decir arriba. Quizá intentan negar su placer, su emocionalidad y posicionarlo y negarlo a través de la racionalidad, de lo cognitivo. He ahí un desplazamiento claro.
Eso en realidad no era lo que quería comentar, que ya ha dejado de ser una hipótesis para mi, es en realidad una tesis, una verdad. Mi interés es a partir de ese hecho buscar los isomorfismos con otro caso y a través de estos llegar a la misma conclusión.
El caso que me interesaba comentar es una práctica de hace poco tiempo, que en apariencia no está ligada a ninguna creencia religiosa. Hasta el momento no tiene una explicación razonable.
A lo que me refiero con lo anterior es a la usanza masiva de flores en la cabeza por parte de muchas mujeres. Las que ocupan este adminiculo en la cabeza, por tendencia utilizan el mismo tipo de ropa y el mismo tipo de accesorio (como los judíos). Esas conclusiones las he sacado de una observación poco acusiosa. No sé bien sobre sus creencias y rituales: yo ya comencé el camino ahora que otro se dedique a profundizar en él.
Mi intuición o hipótesis al respecto es la que sigue: Estas mujeres he notado que tienen un par de prácticas habituales y contradictorias. Por una parte tienden a hablar sobre la virginidad constantemente y sobre la espera, paciencia y prudencia. Por otra parte tienden a actuar desenfrenadamente, impulsivamente y sin medir consecuencias. Pareciera ser que cada una de estas prácticas están normativamente expuesta por grupos distintos, como son los grupos de amigas y el grupo de la iglesia al cual van. Como todos los adolescentes, éstas chicas tienden a dejarse llevar por los impulsos y entran al habitual y común rito de pasaje de meterse con algún chico que les parece atractivo, o más bien el chico es el que se mete en ellas. Es por esto que como desplazamiento de su pérdida, de su debilidad con y por la carne, metaforizan una 'flor' con otra. Por consiguiente compran una flor de plástico -igualmente de plástico como ellas- que se la ponen a diario en su cabeza, para mostrarle al mundo que han cumplido su mandato en la tierra, que es perder la flor en una ocasión especial y única. Los desafío a que le toquen la flor de la cabeza a estas chicas, sin dudas se incomodarán y molestarán.

martes, 28 de octubre de 2008

Los heraldos negros (César Vallejo)

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!


domingo, 12 de octubre de 2008

Magritte y una disquicisión

Primero que todo una disyunción (Para un psicoanalista precisamente esto sería lo más importante). Hace un par de días fue mi cumpleaños. Es una fecha que por diversas razones -unas profundas otras no- no me agrada. Tiendo a no mencionarle a mucha gente qué día ni qué mes es el de mi natalicio. Sin embargo, y este era el objetivo de mi disquicisión, más gente de lo que esperaba supo mi cumpleaños. Una de las razones de esto, sé, fue que hasta un día antes de mi cumpleaños mi cuenta de facebook anunciaba a todos mis contactos cuándo sería mi cumpleaños. Para prevenir que gente que no me conociera me posteara oculté la opción que mostraba mi cumpleaños.


No obstante lo anterior, eso no me parece que haya sido la causa de que más gente me quisiera celebrar mi cumpleaños. Sobre todo porque muchos de los que me mostraron su afecto no son asiduos usuarios de facebook. En el fondo mi interés es el de agradecer a todas esas personas que me dieron el feliz cumpleaños -de esta manera tan precaria como es el blog- y se preocuparon de mostrar su afecto a través de gestos. En especial a mi muy querido amigo Manuel Araneda, que siempre sabe poner ese 'algo' que le da vida y dinamismo a las cosas (por eso es un buen poeta). También a Ricardo López, que me hizo notar ya hace un tiempo que las relaciones entre estudiante y profesor tienen mucho mayor sentido en los patios, en los cafés y en conversaciones informales, que en el alero de las cuatro paredes de una cátedra universitaria: muchas, muchas gracias. A Eduardo Llanos y a Adriana Kaulino se extiende también el agradecimiento. Y finalmente a Leonor, que no por dejarla para el final y también por dejar el agradecimiento sin mayor cuerpo quiero mostrar menor valor en mis palabras, al contrario (también esto es material para el analista).

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En realidad, mi intención primigenia era doble en esta 'entrada'. Por una parte quería constituir el hábito de escribir en el blog, y por otra (que se desprendió del intento de constituir dicho hábito) mostrar un cuadro que me gusta mucho. Lo coloco, fundamentalmente, porque fue lo primero que se me vino en mente para poner. Sin embargo, mientras iba a hacerlo me vino el exabrupto del párrafo anterior.


El cuadro es de un pintor que me fascina. Para lamento mio está chabacanizado desde antes que naciera, en el mundo y desde antes que entrara a la universidad, en Chile. Con lo anterior quiero hablar sobre René Magritte, pintor belga, valuarte del surrealismo. La verdad, al igual que con Foucault y con Caravaggio, es que he intentado obsesionarme con Magritte, pero por diversas razones y sin razones -representante fundamental de esta últina es mi desidia- no lo he consegido; es por esto que no sé mucho de él: tan sólo lo disfruto.


Lo que sí me interesa decir es qué es lo que me ha acercado a este grandísimo cronopio (sí, también lo es). Uno de esos puntos, y el central, es esa relación estrecha e insinuante con la epistemología. En muchos de los cuadros que he tenido la posibilidad de observar el modo en que cuestiona 'lo real' en contraste con 'lo interpretado', o en otras palabras 'lo óntico' 'la cosa en sí' con respecto a 'lo ontológico' 'la cosa para sí'. Eso se ve claramente en 'La condición humana' y en 'Esto no es una pipa'. Otro de esos es el modo en que simboliza esas tensiones 'epistemológicas' 'gnosceológicas' y 'filosóficas'. Elige objetos cotidianos, del día a día, y los rearticula en contextos que los desencaja, produciéndose ambigüedad y extrañamiento (como lo hace el ready-made de Duschamp, por ejemplo), que a la postre trae la reflexión que debiese tener cualquier cuadro en su interlocutor. En ese sentido 'obra': del 'vorhanden' al 'zuhanden.


Pondré entonces, un cuadro que hace una reflexión sobre Hegel, de ahí su nombre "Las vacaciones de Hegel". Creo que habla del idealismo el cuadro, pero la verdad no lo sé. No he leído a Hegel, más allá de un prólogo, como para saber qué es lo que intenta decir Magritte. Sin embargo cada vez que lo veo, en su simpleza en elementos y distribución, me cautiva.
Como las obras de arte obran tan sólo cuando son contempladas (de ahí eso de lo 'vorhanden' a lo 'zuhanden') y no así cuando son racionalizadas, no diré más; al igual que lo hize la última vez con 'So what' de Miles.

domingo, 5 de octubre de 2008

Un 'Don', así con mayúscula.


En el último tiempo he estado escuchando algo de jazz. No he diversificado mucho a los compositores e interpretes. Eso se ha debido un poco a mi desidia como también a que no tengo internet como para dejarlo bajando. En realidad ese poco rigor en mi calidad de auditor de música me ha importado poco, ya que el presunto hueco de artistas, autores y temas lo ha llenado de sobremanera un queridisimo cronopio del jazz, que no es ni Louis Armstrong, ni tampoco Charlie 'El perseguidor' Parker. El jazzista al que me refiero es un 'Don', sí, así con mayúscula; otro de mis viejos queridos: mi querido Don Miles Davis.

Es cierto que he eschudado poco de su música, sobre todo porque me he quedado una y otra vez en su disco precioso 'Kind of Blue'.

La verdad es que me gustaría decir algo más, sin embargo soy un lego en el jazz, como para ponerme a hablar de su disco, y por lo mismo dejaré un link a una de sus canciones para que cada quien que se interese por este viejo lo escuche, y no sea yo quien le desbarate a través de palabras a una obra que de hecho no cabe en éstas. En segundo lugar, tampoco diré algo sobre la vida de Don Miles, porque hay lugares más adecuados de donde sacar algo de su biografía.

Lo que sí haré, es ser arbitrario en esta oportunidad y dejaré una canción que de buenas a primeras creo que le gustará a cualquiera que tenga un oido gustoso de conocer cosas nuevas (Como también, diría Bourdieu, un oido que haya ido adquiriendo un Capital Cultural tal, que le parezcan refinados estos tipos de músicas, generando así una 'distinción' del gusto basada no en sensibilidades innatas sino que socialmente adquiridad. Remítase a 'La distinción': las bases sociales del gusto, de Pierre Bourdieu.). Sin embargo, lo anterior no quita que mi criterio sea arbitrario. La pieza que he escogido no es más ni menos que 'So what', que cada vez que la escucho me da el exabrupto de ponerme audífonos y salir a caminar a la ciudad y perderme en ella.






miércoles, 24 de septiembre de 2008

"Por lo menos es breve".

Para no desentonar con los últimos días, refiriéndome con esto tanto a la productividad de mi blog cuanto al seminario sobre biopolítica y neoliberalismo -realizado ayer y hoy por el IDH de la Universidad Diego Portales-, subiré un texto que me encanta de Michel Foucault. No es ni más ni menos que el segundo prólogo/no-prólogo de la tesis de doctorado de éste, intitulada en su publicación como "Historia de la locura en la época clásica". En términos sintéticos rescato el entrecruce polifónico de un Foucault reflexivo y crítico con el acto escritural como también una voz eminentemente poética. El producto, claro está, es de una hermosura y riqueza -a mi vista- sublime. Sin querer entrar en mayores preámbulos me gustaría sí, comentarles que me parece importante que puedan leer detenidamente el prólogo: no estaría de más y de paso aprenderían mucho. No digo más, porque este corto prólogo se sostiene por sí mismo -o tal vez, ustedes lo sostienen y lo repiten y lo pliegan, etc., etc. Pues ahora sí, aquí va el texto.


Para este libro ya viejo debería yo escribir un nuevo prólogo. Mas confieso que la idea me desagrada, pues, por más que yo hiciera, no dejaría de querer justificarlo por lo que era y de reinscribirlo, hasta donde pudiera, en lo que acontece hoy. Posible o no, hábil o no, eso no sería honrado. Sobre todo, no sería conforme a como, en relación a un libro, debe ser la reserva de quien lo ha escrito. Se produce un libro: acontecimiento minúsculo, pequeño objeto manuable. Desde entonces, es arrastrado a un incesante juego de repeticiones; sus "dobles", a su alrededor y muy lejos de él, se ponen a pulular; cada lectura le da, por un instante, un cuerpo impalpable y único; circulan fragmentos de él mismo que se hacen pasar por él, que, según se cree, lo contienen casi por entero y en los cuales finalmente, le ocurre que encuentra refugio; los comentarios lo desdoblan, otros discursos donde finalmente debe aparecer él mismo, confesar lo que se había negado a decir, librarse de lo que ostentosamente simulaba ser. La reedición en otro momento, en otro lugar es también uno de tales dobles: ni completa simulación ni completa identidad.
Grande es la tentación, para quien escribe el libro, de imponer su ley a toda esa profusión de simulacros, de prescribirles una forma, de darles una identidad, de imponerles una marca que dé a todos cierto valor constante. "Yo soy el autor: mirad mi rostro o mi perfil; esto es a lo que deben parecerse todas esas figuras calcadas que van a circular con mi nombre; aquellas que se le aparten no valdrán nada; y es por su grado de parecido como podréis juzgar del valor de las demás. Yo soy el nombre, la ley, el alma, el secreto, el equilibrio de todos esos dobles míos. “Así se escribe el prólogo, primer acto por el cual empieza a establecerse la monarquía del autor, declaración de tiranía: mi intención debe ser vuestro precepto, plegaréis vuestra lectura, vuestros análisis, vuestras críticas, a lo que yo he querido hacer. Comprended bien mi modestia: cuando hablo de los límites de mi empresa, mi intención es reducir vuestra libertad; y si proclamo mi convicción de no haber estado a la altura de mi tarea, es porque no quiero dejaros el privilegio de oponer a mi libro el fantasma de otro, muy cercano a él, pero más bello. Yo soy el monarca de las cosas que he dicho y ejerzo sobre ellas un imperio eminente: el de mi intención y el del sentido que he deseado darles. Yo quiero que un libro, al menos del lado de quien lo ha escrito, no sea más que las frases de que está hecho; que no se desdoble en el prólogo, ese primer simulacro de sí mismo, que pretende imponer su ley a todos los que, en el futuro, podrían formarse a partir de él. Quiero que este objeto-acontecimiento, casi imperceptible entre tantos otros, se re-copie, se fragmente, se repita, se imite, se desdoble y finalmente desaparezca sin que aquel a quien le tocó producirlo pueda jamás reivindicar el derecho de ser su amo, de imponer lo que debe decir, ni de decir lo que debe ser. En suma, quiero que un libro no se dé a sí mismo ese estatuto de texto al cual bien sabrán reducirlo la pedagogía y la crítica; pero que no tenga el desparpajo de presentarse como discurso: a la vez batalla y arma, estrategia y choque, lucha y trofeo o herida, coyuntura y vestigios, cita irregular y escena respetable.
Por eso, a la demanda que se me ha hecho de escribir un nuevo prólogo para este libro reeditado, sólo he podido responder una cosa: suprimamos el antiguo. Eso sería lo honrado. No tratemos de justificar este viejo libro, ni de re-inscribirlo en el presente; la serie de acontecimientos a los cuales concierne y que son su verdadera ley está lejos de haberse cerrado. En cuanto a novedad, no finjamos descubrirla en él, como una reserva secreta, como una riqueza antes inadvertida: sólo está hecha de las cosas que se han dicho acerca de él, y de los acontecimientos a que ha sido arrastrado.
Me contentaré con añadir dos textos: uno, ya publicado, en el cual comento una frase que dije un poco a ciegas: "la locura, la falta de obra"; el otro inédito en Francia, en el cual trato de contestar a una notable crítica de Derrida.
—Pero ¡usted acaba de hacer un prólogo!
—Por lo menos es breve


MlCHEL FOUCAULT


domingo, 21 de septiembre de 2008

Cambio.


Benjamin en sus 'Tesis sobre la filosofía de la historia', tiene un consagrado comentario al 'angelus novus' de Klee. En ese comentario escrito a mediados del siglo pasado nos muestra la vertiginosidad e ineluctabilidad de los cambios: nos muestra, como comenta Habermas, como el progreso ha coagulado en norma histórica. Otros autores, ligados a la sociología de la modernidad (hermoso pleonasmo, como ya nos lo señaló Wagner) nos muestran que el derrumbe de la estación final de los metarrelatos no ha evitado que la locomotora que tenía la consigna del progreso o de la revolución, siga a toda máquina, teniendo por consigna ahora la idea de cambio, cambio no teleológico o programado, sino azaroso y contigente. Eso nos ha obligado a vivir en un constante presente que se muestra como transito a otro estado pero también como fin en sí mismo. En la primera modalidad, el transito no tiene una vía definida, pero a pesar de esto se manifiesta como tal; se ven signos en las personas: esperanza, espera, angustia, fatalismo. El camino y el fin no parecen claros, pero están al fin y al cabo, sólo hay que esperar. En la segunda modalidad, se constituye como norma de existencia un mal entendimiento del 'carpe diem'; una especie de hedonismo, que saborea segundo a segundo el placer, y he ahí su fin. En cierto modo el medio transformado en fin. Un presente que se muestra como un acontecimiento vacio, ya que no importa lo que se haga no modificará el futuro ni el pasado, sólo debe ser erotizado el ahora: 'Porque la vida es ahora', nadie como VISA sabría formular mejor el imperativo categórico.


La génesis de esta coagulación, nos dirá Wallerstein, viene de la mano de los burgueses post revolución francesa (1789). Nos dirá este autor que en el momento que vieron este gran socavamiento del orden anterior, se denotó la instauración de un nuevo orden, valiéndo el oxímoron, el 'orden del cambio'. Era inevitable que quedase en los corazones de la gente, luego de derrocado el viejo orden, que la estabilidad era (pro)puesta por las personas. El fundamento era el sujeto (valiendo la redundancia). Por lo cual eran los mismos hombres quienes tendrían la capacidad y la obligación de transformar los nuevos ordenamientos viciados: ya había funcionado la fórmula, por qué no ocuparla de nuevo. Este acontecimiento (en el sentido Heideggeriano) puso en relación todos los sistemas de pensamiento político reticulados en torno a este concepto: todos sabían que el cambio era inevitable, había que proponer formas y procesos particulares. El marxismo tendría alguno, el conservadurismo otro. Eso es lo que menos importa.


La perorara anterior, la señalo a raiz de que en estos últimos tiempos he vivido algunos cambios. Se supondría que históricamente y socialmente -soy hijo tardío de la modernidad- debiese estar vacunado para el cambio, si no gozarlo, al menos sobrellevarlo bien, no como obstaculo. Creo que esto último pasa. Pero la dificultad de este cambio ha sido mayor de lo que preveía. No es que sufra o algo así, al contrario, estoy bastante bien. Sin embargo, no dejo de reverberar o rumiar el cambio. Eso creo es lo que deja estos resabios en mi blog, esa repetición. Y eso creía que no debería haber pasado según todo lo dicho en mi circunloquio anterior. La verdad lo digo metafóricamente, porque es imposible -e incluso patológico (deformación profesional)- no sentirse con un poco de desasociego ante un 'acontecimiento'.


Soy en parte como el 'angelus novus' que se ve obligado a avanzar y que no puede evitar mirar atrás y desear buscar entre los restos algo útil, sin embargo con gozo y con el pecho henchido he desmontado mis cuadros y desenfondado mis antiguos papeles para poder decirme 'moderno' y vivir el cambio de manera activa, sin por eso pretender olvidar mi pasado.


O algo así.

sábado, 12 de julio de 2008

A Romina Canessa.

Nathalie

Estuvimos a punto de ejecutar un trabajo perfecto,
Nathalie en una casa de piedra de Provenza.
Dirás ahora que todo estuvo mal desde el principio
pero lo cierto es que exhumamos, como por arte de magia,
todos, increíblemente todos los restos del amor
y en lo que a mí respecta hasta su aliento mismo:
el ramillete de flores de lavanda.
Es cierto: nuestras buenas intenciones fracasaron,
nuestros proyectos se redujeron al polvo del camino
entre la casa de Lulú y la tuya.
No se podía ir más lejos con los niños
que además se orinaron en nuestro experimento;
pero aprendí a Michaux en tu casa, Nathalie; una
vociferación que me faltaba,
un dolor, otra vez, incalculable
para el cual las palabras no tienen gusto a nada.

Vuelvo a París con el cuaderno vacío,
tu trasero en lugar de mi cabeza,
tus piernas prodigiosas en lugar de mis brazos,
el corazón en la boca no sé si de tu estómago o del mío.
Todo lo intercambiamos, devorándonos: órganos y
memorias, accidentes del esfuerzo por calarnos a fondo,
Nathalie, por fundirnos en una sola pulpa.

Creer en dios; sólo me falta esto
y completar, rumiando, el ciclo de la baba,
a lo largo de Francia.
Pero sí, trabajamos duramente
hombro con hombro, ombligo contra ombligo
y estuvimos a punto de sumergirnos en Rilke.

No hemos perdido nada:
este dolor era todo lo que podía esperarse;
sólo me falta aullarlo en el momento oportuno,
mi viejecilla, mi avispa, mi madre de
dos hijos casi míos, mi vientre.

"Va faire dodo Alexandre. Va faire dodo Gérome."
Ah, qué alivio para ellos
el flujo de la baba de la conciliación. Toda otra
forma de culto es una mierda.
Me hago literatura.
Este poema es todo lo que podía esperarse
después de semejante trabajo, Nathalie.














Post Scriptum: De veras lo siento.