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lunes, 26 de julio de 2010

Una disquisición y un poema.

No he tenido mucho tiempo como para prestarle la atención que se merece a mi blog. Eso me parece un poco preocupante, puesto que mi blog es un algo así como medidor del nivel de mi reflexividad, cavilaciones, preguntas y destellos. De seguro que ese vacío es producto del trabajo y de estudiar una segunda carrera de pregado.

Los pregrados no le dan genuina cabida a la capacidad de rumiar, tan ensalzada por Nietzsche, como lo propio del filósofo: a penas se pueda masticar, saborear y digerir lo visto; más bien abunda lo vertiginoso, el apuro, el resultado.

Como siempre, hasta en la academia, que continuamente se cree librada, podemos ver la colonización de las lógicas sistémicas (ganancia y productividad) en desmedro de la lógica del entendimiento, la constitución de intersubjetividad y el encuentro.

Han pasado muchas cosas: el aumento sucesivo, violento, voluntario y sistemático del precio de la locomoción colectiva (que dicho sea de paso debiese ser penado como crímen de lesa humanidad); la sugerencia de indulto de criminales por parte del Episcopado; las desafortunadas declaraciones de la sub-directora del Junji; La negativa del gobierno a dar indulto; el aumento de patología en el AUGE, pero con el consecuente (y desconocido) efecto para la salud mental: se elimina la psicoterapia dentro de los protocolos de depresión.

Se podrían mencionar cientos sucesos más, pero la verdad es que desconosco muchos otros por tener escaso tiempo.

No deja de ser curioso el hecho que la profesión que uno suponía que podría contribuir a la mejoría y a la subjetivación de otros termine, finalmente, desbubjetivándome en muchos casos, y al mismo tiempo no logrando que se contribuya a la mejoría de otros. La verdad es que son contingencias.

Realmente tenía por intención en la presente entrada poner un poema de Pablo Neruda, que me resuena una y otra vez en la cabeza como el infinito mar lo hace en una caracola. Este poema es de su 'Residencia en la Tierra'. A mi juicio (de lego culto como diría Freud) es uno de los mejores poemas del vate. La estrofa que más me deleita es la cuarta: "A lo sonoro llega la muerte / como un zapato sin pie, como un traje sin hombre, / llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo, / llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta. / Sin embargo sus pasos suenan / y su vestido suena, callado, como un árbol." Innevitablemente (por deformación profesional) me hace pensar en el síntoma, como ese trozo de muerte (que igualmente es vida) que en su silencio hace resonar más que cualquier palabra: llega a gritar sin boca ni lengua ni garganta sin embargo sus pasos suenan.

Aquí dejo el hermoso poema de Neruda



SÓLO LA MUERTE

Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel al alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido sin perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.
Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado, como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos,
la muerte está en la escoba,
es la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.
La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante.

domingo, 28 de febrero de 2010

Notas a propósito del terremoto...

I

El terremoto ocurrido hace poco más de dos días (27 de marzo) a eso de las 3:30 am estremeció a todo el país de un modo particular. No sólo porque ha sido uno de los más fuertes en el mundo y en Chile (8,8º Richter es la medición oficial), ni porque alcanzó más de 1.200 km del país; tampoco debido a que la séptima y octava región han quedado enormemente destruidas; no es por las pérdidas humanas, que según las cifras oficiales alcanza poco más de las 700 personas y es seguro que sigan aumentando. A mi juicio, lo que fundamentalmente le da un tenor particular a este dramático desastre se debe a la imposibilidad de darle sentido, capturar y encontrar un rostro culpable de todo lo sucedido. A eso se suma la actual posibidad de una masiva entrega de información en tiempo real, posibilitadas y filtradas por los medios de comunicación, y que nos hacen experimentar una realidad que va más allá de nuestro contacto directo. Como sabemos, la realidad de nuestro tiempo actual está estructurada fundamentalmente por imagenes; imagenes entregadas y filtradas por las tecnologías de la información y la comunicación (TIC's).

Esas dos coordenadas -la de exposición a imagenes o experiencias y la de lo insimbolizable de éstas- son las condiciones propias de lo traumático.

I I

Los medios de comunicación son claramente performativos. Hemos visto que durante los últimos dos días éstos se han dedicado a mostrar un conglomerado de catastrofes. Algo así como un puro concentrado de imagenes que connotan la destrucción material, la pérdida vital, la devastación personal, la angustia y la anomia. Entonces toda esta devastación no esta siendo vivida minuto a minuto solamente por los implicados sino y seguidamente por toda una serie de personas que no están cercanos a tal desastre. Podemos afirmar del mismo modo que lo que es mostrado por los medios de comunicación no es visto por aquellos que más duramente fueron golpeados por tsunamis y terremotos. Debemos ser capaces de entender que la realidad (o dicho en sociológico: 'la construcción de la realidad social') está configurada por la información y las imágenes entregadas. Así podemos concluir que la imagen generar de lo que entendemos por nuestra realidad cercana es una profunda sensación de total destrucción, a pesar que de hecho no es tal. No afirmamos que no haya destrucción, sino que en lugares con Santiago -por ejemplo- se sobredimensiona la vivencia de lo catastrófico a niveles exponenciales: sentimos un gran trauma en donde no hay herida alguna.

I I I

Estos eventos que entran en la aparente recta línea de nuestra vida de modo súbito es lo que Lacan nomina 'lo real'. La peculiaridad de lo real -que no es, por cierto, que sea elaborada por Lacan- es una vivencia que rompe con todo órden: no es esperado como acontecimiento, no puede entenderse una vez sucedido, con el acontecimiento pasado-presente-futuro serán reescritos; en definitiva, el órden de lo simbólico no lo logra captar, queda como un resto excluido de la nominación, de la comprensión. Ese encuentro con lo siniestro, brutal, intolerable e improcesable es lo que nominamos como lo Real.

Al ser nosotros, humanos, seres que habitan continuamente -aquello que Heidegger nominaba como 'la casa del ser'- el registro del lenguaje, del habla, de los símbolos, intentámos continuamente abarcar lo inabarcable de lo real apalabrándolo. Sin embargo, como nos podemos dar cuenta, tal labor es estructuralmente un imposible. Sólo un ejemplo en el nivel de lo personal: no por hablar de la muerte súbita de un familiar, el nudo de lo real quedará resuelto; siempre quedará un nucleo indecible.

Esta superficie vacía de palabra, como es el terremoto, que pulsa continuamente, que nos angustia ante la incontrolable inminencia de su potencial aparición, inevitablemente obliga a buscar respuestas. Una de éstas me interesa particularmente: sabemos que desde el momento del terremoto ha habido una oleada de personas que han atiborrado las estaciones de servicio de combustibles con el fin de cargar los estanques de automóviles, las filas de espera llegan a cuadras; los supermercados han sido otro foco conflictivo puesto que se han atiborrado de personas y, lo notamos, las compras han sido superiores a las normales y muchos se han dado la licencia de ir a sacar mercadería de centros comerciales. Por otra parte he oído mucha gente que señala que estos desastres se unen a una oleada de otros de igual magnitud, lo que configuraría una especie de cadena singular nunca antes vista que nos intenta entregar un mensaje: algo así como el apocalípsis, el fin de los tiempos, el fin del calendario.


Si nos damos cuenta lo que estas personas buscan con el sismo es un supuesto mensaje que debe ser desvelado tras el lugar del sismo, que en sí mismo está vacío de todo contenido, cuando en realidad el mensaje posible es el ser mismo del sismo, a saber, el vacío de palabra de éste; es decir el mensaje es justamente el objeto que en la catastrofe se resiste a toda simbolizaciión, o dicho con Mc Luhann: el medio (el desastre) es el mensaje (en sí mismo). Zizek afirma en el mismo sentido:

Cuando la carta llega a su destino, la mancha que arruina el cuadro no queda abolida, borrada: lo que nos vemos obligados a captar es, por el contrario, el hecho de que el verdadero ‘mensaje’, la verdadera carta que nos aguarda es la mancha misma. (Zizek en 'Goza tu síntoma' p. 21)

I V

Como conclusión de esta situación parece productivo y sensato los dichos del mismo Zizek: "Sencillamente lo que debemos aprender a aceptar lo real de esa crisis en su actualidad carente de sentido, sin cargarla con algún mensaje o significado". En efecto, las lecturas apocalípticas, o las desestimaciones de lo que sucede quitan toda la carga material que nos puede entregar el fenómeno como tal para elaborarlo. Tal distancia que hay que tomar nos debe conducir a una conclusión importante sobre la actual crisis, para lo cual citaremos a Zizek (y en esto ya parecemos fundamentalistas citando a su texto sagrado): "El hecho de que el hombre es un ser hablante significa precisamente que, por así decirlo, está constitutivamente 'fuera de carril0, marcado por una fisura irreductivle que el edificio simbólico intenta reparar en vano. De tanto en tanto, esta fisura hace irrupción de alguna manera espectacular, recordándonos la fragilidad del edificio simbólico...".

V

Si algo productivo tiene este enfoque que toma los aportes de Lacan, es precisamente que sabe detenerse en algún momento en la búsqueda de sentido y significados de los hechos. Tal vez ese es el mensaje y la lección que debemos aprender del terremoto, y al mismo tiempo parece que ese es el mensaje que tiene que entender parte de las ciencias sociales: como la sociología, el evolucionismo, la psicología y el socioconstruccionismo; tan sólo por mencionar algunos.

martes, 2 de febrero de 2010

Un isomorfismo en Chaplin y Woody Allen o sobre las fantasías del neurótico ante el desencuentro. (1.1)

Al final de Manhattan, Woody Allen nos da la oportunidad de darnos cuenta de su cercanía a la obra de Charles Chaplin. Si uno, al ver la película, no conociera absolutamente nada de la obra del primero y tuviese cierta cercanía a la del segundo, se daría cuenta cómo es que hay elementos isomórficos entre ambos directores: no sólo que ambos usan apodos por nombres; no tan sólo que ambos sean judíos; tampoco que ambos tuvieran una actriz fetiche para sus cintas; tal vez que cada cual es actor principal de sus guiones o inclusive que ambos se centraron en un cine cómico donde el desencuentro como eje central de la vida destacaba; lo central, más allá que estos encuentros superficiales es que hay cosas que deben ser exploradas sobre estos dos autores tan iguales y que no han sido dilucidadas.

En la escena final de Manhattan Isaac Davis (Woody Allen) toma conciencia del gran error que cometió al dejar Tracy (Mariel Hemingway), una brillante chica de diecisiete años, luego de que fuese abandonado por Marie Wilkie (Diane Keaton) una librepensadora histérica que busca precisamente lo que no puede tener. desesperadamente Davis corre a la casa de Tracy para declararle su error y, poder así, enmedarlo y volver con ella. Agitado por el trayecto corrido y por la desesperación de quien intuye que puede ser tarde para arreglar las cosas, llega Isaac Davis a la entrada del edificio donde vive Tracy; el plano muestra a la bella jovencita con un sobretodo y una enorme cantidad de maletas, algunas del las cuales están siendo llevadas por un botones a un taxi. Tracy mira a Isaac con sorpresa y alegría: éste arrepentido le expone la situación y Tracy la comprende y acepta la sin dificultad. Sin embargo, le comenta que su avion a Londres partirá pronto, pues aceptó cursas sus estudios dramatúrgicos allá, como el mismo Isaac le aconsejara meses antes (más por miedo a la entrega a ella que porque realmente le importara que estudiara), por lo que era tarde para cambiar sus planes. Davis la intenta convencer que deje el vuelo, sin éxito. Le dice Tracy,que de todos modos volverá en seis meses y que a su regreso podrán estar juntos. Isaac Davis desconfía de esa posibilidad, pues cree que puede pasar lo peor. Al ver la desconfianza y la duda, Tracy le dice a Isaac: "Seis meses no son tanto, no todo el mundo se corrompe... vamos, tienes que confiar un poco en la gente".

Luego viene el último plano, que es un plano detalle al rostro de Woody Allen; en ese momento de la escena se toca la parte más emotiva de la Rhapsody in blue de Gershwin. El plano muestra de manera íntima la desconfianza, la incomodidad, el temor de la pérdida y la angustia de Isaac Davis, pero al mismo tiempo notamos que todo este plexo de sensaciones va cediendo ante la confianza y la esperanza que entregan las palabras de Tracy; tal cambio se aprecia en el rostro de Woody Allen, cuando se dibuja el esbozo de una sonrisa dubitante en su rostro luego de un silencio, una incómoda latencia. En ese momento la Rhapsody in blue entra en su climax , desapareciendo el sonido melancólico del violín e irrumpiendo toda la sinfónica al unísono. Se cierra el film mostrando algunos bellos planos generales de la ciudad de Manhattan y la pantalla se va a negro para los créditos mientras la rapsodia continúa.

Esta escena no deja de recordarnos inevitablemente la escena final de City Lights de Chaplin, en donde la duda, la desconfianza, la angustia y al mismo tiempo la esperanza del protagonista son lo central de la escena final. Y no sólo es idéntico en cuando a las vivencias que se manifiestan; la última escena es, en términos estructurales, muy cercana la una a la otra: finaliza en un plano detalle hacia el rostro del protagonista en donde se dilucida sus expectativas y en donde la obra musical llega a su climax entregándonos, así, las pistas de la subjetividad del protagonista. Recordemos también que en City Lights el cierre es producido por la pantalla que se va a negro y oimos que la música continúa emocionándonos completamente; luego se lee 'The end'.

Lo interesante no es sólo que los isomorfismos entre las películas se manifiesten en términos de banda sonora, trama final y planos cinematográficos. Lo que destaca, y eso es lo relevante de ambas películas es el efecto engañoso que nos deja: el final de la película nos deja atónitos a los espectadores, nos obliga a completarlo, nos conmueve a generar las mismas esperanzas que el protagonista del film. En efecto, en ninguna de las dos películas el final está cerrado; queda completamente abierto a nuestra interpretación. En ese momento no podemos si no identificarnos con el actor principal; en ese sentido la película nos interpela, pues a diario nos confrontamos con ese mismo tipo de incertidumbres. Evidentemente preferimos y suponemos un final feliz de encuentro. Sin embargo nada nos dice que en efecto será así: tan sólo proyectamos nuestros ideales, nuestras expectativas, nuestros sueños y fanstasías.

Esto lo ve bien Zizek en la interpretación que realiza en Pervert's guide to cinema de City Light
"Y, yo pienso que, nosotros no tenemos que interpretarlo [el final de City Lights] como un final feliz, nosotros no sabemos lo que realmente va a pasar. Tenemos el aviso 'The End' en la pantalla y luego la pantalla negra, pero la canción sigue andando. La emoción es muy fuerte y cruza a toda la escena"
En definitiva podemos notar que ambos directores dialógan, pues ambos nos ponen continuamente frente al rostro la coordenada del desencuentro como algo central en la vida. Sin embargo nosotros como espectadores tozudamente, neuróticamente, intentamos denegar esta realidadad pues obturamos tal posibilidad fantasmatizándolo con otra trama, una trama que de universo de la posibilidad pasa al de la certeza: un futuro de puro encuentro con el otro. Esa es la estrategia de nosotros, los neuróticos; anhelar que existirá en un futuro cercano la posibilidad de un encuentro pleno, tan sólo falta tiempo para que suceda. La lección que creo tenemos que sacar es que ambos autores se dan la licencia de enseñarnos algo: en el cine no sólo nos entrega fantasías para desear, sino que si se lo propone nos puede ayudar a desnaturalizar las fantasías de las cuales somos parte; haciendo que la fantasía nuevamente pase a ese plano, el de la fantasía.

Chaplin y Woody Allen continuamente nos hacen reir transformando nuestra tragedia en una comedia.

martes, 26 de enero de 2010

Cuando nadie confia: o sobre Piñera como presidente

El triunfo de Piñera ha clamado para algunos una especie de retorno de lo reprimido. Como bien sabemos, desde que Pinochet fue procesado en Londres, la derecha más conservadora y pinochetista no fue lo mismo; y es que el destierro simbólico e imaginario de su padre fue tal, que todo ese sector que hasta el correr de 1998 se sentía legitimado para defender a Pinochet recalcitrantemente, sufrió un devastador trauma.

El orden del discurso cambió en Chile tras ese arresto. El informe Balech y la aparición de las cuentas secretras haría lo suyo también. Pinochet perdería ese talante omnipotente, y se daría paso de una época post-pinochetista. O al menos eso parecía por el mutismo de la derecha.

Todo este proceso traumático queda maravillosamente expuesto (más por las imágenes que la construcción general de la obra) en el documental de Marcela Said, 'I love Pinochet' (misma directora de 'Opus dei: una cruzada silenciosa').

Luego vendría un remezón con la muerte del dictador. Como una metástasis, o un brutal pasaje al acto, irrumpirían el espacio de lo público este grupo de Pinochetistas. Era esperable, por cierto; quién no rendiría honores a su padre para darle digna sepultura. Lo curioso, como sabemos, es que el grupo que rendía pleitesía al dictador no eran solamente los escleróticos y anacrónicos derechistas de la dictadura: se encontraba también una cantidad no menor de jóvenes pinochetistas.

Aparentemente la muerte real, simbólica e imaginaria del padre haría pensar que ya era seguro que Pinochet como figura social, no aparecería en el espacio público: tan sólo se quedaría en la privacidad del armario, de las recámaras y, a lo sumo, en las reuniones íntimas de estas familias.

Ya nos damos cuenta que tal conclusión, no es sino una proyección de nuestros deseos. Una simple inocencia e ignorancia de las esferas con poco contacto político con la derecha.

El triunfo de Piñera hizo que reemergieran con todo el peso de la noche los recalcitrantes pinochetistas. Pudimos verlos en la calle y en los medios de comunicación. Con fervor llenaron las calles: en Plaza Italia el pinochetismo más humilde y frente al Apumanque el pinochetismo más acaudalado.

Se escuchaban salmos, réplicas y vituperios en contra de los comunistas y bendiciones y laureles para Pinochet y Piñera; en muchos casos se percibía un desplazamiento del amor a Pinochet hacia Piñera. La violencia y la odiosidad de los insultos no deja de llamar la atención, entre los que se escapaban algunos más suaves como "Poropopó, poropopó, el que no salta es comunista maricón"; "Comunistas, culiaos, cafiches del Estado"; "General Pinochet, este triunfo es para usted". Sin embargo la división y el odio llega a extremos más elevados: "Morir luchando: marxistas ni cagando", "Con los huesos de Allende haremos un gran puente; con los huesos de Allende haremos un gran puente, por donde pasarán Augusto y sus valientes" y "Comunistas, maricones, te mataron los parientes por güeones".

En efecto, tales manifestaciones evidencian la existencia de un trauma psicosocial que ha calado hondo, y que las intensiones políticas de la derecha por mirar al futuro no hacen desaparecer una herida abierta. Se nota en los hechos que el oponente político no es mirado como tal, sino que le hace ingresar en las coordenadas de un 'enemigo'. Tal reinserción simbólica del otro que difiere no pretende persuadir ni argumentar para cambiar, sino más bien desea un súbito pasaje al acto que termine por hacer desaparecer a la diferencia. La no-identidad se paga con el precio de desaparecer.

Ahora bien, no sólo han resurgido los discursos pinochetistas en la palestra pública, sino que también ha reaparecido otro discurso intimamente ligado: el de la derecha conservadora latifundista. Dicho resumido este discurso ensalza el capitalismo salvaje y el catolicismo recalcitrante; sus medidas son totalizantes y pragmáticas, ya que se fija en los fines y no en los medios. Entre estos decires se encuentra el deseo de la CNC (Cámara Nacional de Comercio) de bajar los sueldos mínimos y flexibilizar las condiciones laborales en lo que respecta a seguridad y movimientos colectivos (nota aquí) o también la intención de Moreira de que se realice un Toque de Queda para el 11 de septiembre (nota aquí)


Lo curioso de todo (y esto es una de las cosas centrales de mi reflexión), es que Piñera en campaña nunca ha apoyado ni a este tipo de Pinochetismo ni a este tipo de conservadurismo-latifundista.

Si uno lee el Programa de Gobierno de Piñera puede fácilmente darse cuenta de eso. Por mencionar algunos respaldos, basta echar un ojo en el capítulo II 'Hacia una sociedad de Seguridades', en donde afirma cuestiones como un sueldo familiar ético o el incentivo de seguridades laborares como son la capacitación, solidez y duración de los empleos, y también cuestiones como el fortalecimiento de los Sindicatos. También, en el capítulo I, se afirma que no se desea empequeñecer al Estado (al menos más de lo que ya disminuyó la concertación). Inclusive Piñera pretende reforzar el tema de la Violación de los Derechos Humanos en Dictadura. Cito directamente el punto 2 del apartado "Fortalecer los Derechos Humanos":

Reforzar una política para enfrentar las situaciones del pasado orientada por valores de verdad, justicia y reconciliación. (p. 151)
Eso mismo no sólo se pudo apreciar en su Programa, sino en los medios de comunicación, como en el debate presidencial, cuando se le imputó que privadamente habría asegurado que no habrían juicios para mandos militares (nota aquí y aquí); del mismo modo que sostuvo que no se asignarían ministros que lo fueron en dictadura (nota aquí).

En suma, Piñera se distanciaría de modo claro y enfático de aquellas miradas y perspectivas más oscuras y álgidas de la derecha chilena. Y como ya se pudo ver, cierta parte de la derecha se siente de todos modos con plena legitimidad para proferir públicamente tales ideas.

Al sentirse legitimada la derecha dura, se deja colar que ésta, desde algún lado, escucha que los mensajes de Piñera afirman un gobierno conservador, anacrónico y fascista. Esto indica que una parte de los que votaron por Piñera no confía en éste. En efecto, no confían lo que locutivamente afirman sus palabras. Si en algo de ésta palabra confían es precisamente en aquello que no se dice; en lo ilocutivo.

A su vez podemos llegar a la misma conclusión respecto a los ciudadanos que no están de acuerdo con Piñera. No desean que Piñera llegue a dirigir Chile porque precisamente no confían en lo que dice Piñera.

Así podemos concluir que en efecto existe un acuerdo entre ciudadanos de derecha e izquierda: no confiar en la palabra de Sebastían Piñera.

Este hecho fundamental y curioso nos deja ver que una parte más pequeña que grande legitima el gobierno del electo presidente. Y la legitimidad de un gobierno es uno de los atributos políticos más importantes para el sostenimiento de un Estado de derecho. Además pensemos que haga lo que haga una parte importante de la población estará descontenta: si es progresista la derecha estará molesta, y si es conservador la izquierda entonces ocupará ese lugar.

Cabe preguntarse entonces, ¿hasta qué punto se puede sostener un gobierno montado sobre la desconfianza?, ¿qué hacer con este nivel basal de descontento?, ¿cómo logrará crear una sociedad de unidad nacional si su imagen ambigua permite esta paradójica situación? ¿qué salidas tiene de ese desfiladero?, ¿qué implicancias tendrá para el gobierno de Piñera esta escasa legitimidad ciudadana?, y más esencial aún: ¿Sebastian Piñera creerá algo de lo que él dice?

miércoles, 20 de enero de 2010

Paráfrasis a Vicente Huidobro


Es incomprensible que un individuo que haya estudiado profundamente la psicología actual no sea psicoanalista.

Es incomprensible que un individuo que haya estudiado profundamente al psicoloanálisis, no sea sociólogo.

sábado, 16 de enero de 2010

Zizek conoce a Enriquez-Ominami

Hay una entrevista a Slavoj Zizek en donde éste explica de modo simple una de las tesis de su libro 'El títere y el enano' (Título que alude a la primera tesis de Benjamin de su 'Tesis de la filosofía de la historia). Esa entrevista aparece en el documental 'Zizek!'; documental y entrevista que les sugiero ver, a pesar que dicha entrevista es realizada por un clásico periodista de 'Talk-show'.

Para explicar la tesis de su libro, Zizek lo grafica con una situación: Un padre autoritario obligando directamente a su hijo pequeño que vaya a ver a su abuela que no soporta. El padre diría algo como: "Hijo, no me importa cómo te sientas, vas a tener que ir a ver a tu abuela quiéraslo o no. No tienes que adularla ni decirla que quieres, sólo tienes que estar ahí". La violencia y coerción de tal figura de autoridad sobre su hijo es directa. Algo muy distinto, dice Zizek, sucedería con un 'padre tolerante posmoderno' y ese mismo hijo. Le diría algo a su hijo totalmente distinto, cito directamente la entrevista -traducida al castellano: "Tú sabes lo mucho que te ama tu abuela, pero no obstante, tú debes sólo ir a visitarla si realmente lo deseas". Esta afirmación entrega al hijo, en términos locutivos, la opción de escoger libremente si va o no a ver a su abuela. Sin embargo esta opción es ilusoría, o más bien falsa. En el fondo hay una imposición, una coerción mucho más fuerte, a saber (en el nivel ilocutivo): "no sólo tienes que ir a visitar a tu abuela, sino que te tiene que gustar hacerlo". Esta postura de la figura de autoridad librepensante y progresista, contiene elementos mucho más violentos y disruptivos para quien padece las órdenes de éste. Dicho en fácil, la figura 'tolerante' en el fondo es mucho más ideológica, en tanto impone una falsa conciencia, con respecto a la figura tradicional.

Este ejemplo lo señalo sólo para comentar algo de la contingencia política actual: las declaraciones de Marco Enriquez-Ominami.

Como es bien sabido, el miércoles 13 de enero Enriquez-Ominami anunció públicamente, tras un largo silencio, que apoyaría a Frei. Señaló que:

Ante esta coyuntura histórica, ante la incertidumbre de que la derecha pueda llegar a impedir la marcha de Chile hacia el futuro, es de mi responsabilidad contribuir en lo que pueda para que eso no ocurra. Por tanto, declaro formalmente mi decisión de apoyar al candidato de este pueblo, el del 29 por ciento de chilenos que votaron."
Luego de lo cual señala:

"La libertad de todos ustedes no esta puesta en duda al ejercer la mia, ustedes son los únicos jueces de su conciencia y su voto. Ustedes son los mejores jueces sobre su voto, y yo respeto sin exclusión alguna su desición: La libertad de ustedes no está puesta en duda [...] por cierto declaro, sin cambio alguno, la libertad de acción de mis adherentes, subrayo, que declaro y confirmo la libertad de acción que declaré..."

Una lectura superficial, es decir locutiva, del acto de habla nos permitiría afirmar que Marco Enriquez-Ominami deseaba comentar públicamente su compromiso histórico y vital con la izquierda, y al mismo tiempo su rechazo a la derecha. Además nos dejó libremente decidir en quien votar: Marco Enriquez-Ominami, por ende, es un político trasparente, responsable y democrático.

Sin embargo, gracias a Zizek, podemos iluminar desde otro lado las declaraciones, que a mi juicio parece más eficaz y cierto. Evidentemente podemos diagnosticar que hay algunas cuestiones que parecen extrañas de su movimiento y de su discurso.

Lo que primero salta a la vista es el hecho de que el ex-candidato a la presidencia tome tribuna en un espacio público para informar una desición privada. Desición privada en tanto que califica su apoyo a Frei como una 'libertad mía' y también en la medida que declara 'la libertad de acción de mis adherentes', lo que la haría ingresar al universo de las libertades individuales. En efecto, una desición individual no tiene la necesidad de ser comunicada en el espacio de lo público, aunque sí debiese ser comunicada por cuestiones éticas a un público: a aquel público que pueda afectar la acción que considero llevar a cabo.

El punto recién señalado es importante, puesto que hay que preguntarse si afectaba a alguien que Marco Enriquez-Ominami votara en su intimidad por Frei. Evidentemente no: está en todo su derecho de votar por quien quiera en silencio y con discreción; tal y como sus adherentes o cualquiera puede votar por quien desee. Si lo hace por Frei, Piñera o deja nulo el voto no tiene por qué herir susceptibilidades, pues, desde una perspectiva liberal -que Enriquez-Ominami la conoce bien- ese tipo de desiciones privadas nada tienen que ver con su lugar de figura pública. Podemos inferir entonces que no tendría que haber tomado el pábulo para informar de su voto puesto que no afectaba a nadie su desición. Además, pero secundario, era evidente que iba a votar por Eduardo Frei: no sólo porque se podía inferir del hecho que es hijo tanto de Carlos Ominami y de Miguel Enriquez, como también debido a que durante muchos años fue de la concertación, sino debido a que se podía deducir. Recordemos que días antes dijo que no iba ni anular ni a dejar en blanco el voto, lo que es un mensaje del cual se deduce pragmáticamente que votaría por el candidato de la Concertación.

Es más, podemos afirmar incluso que si hubiese tenido que pedir la palabra públicamente para afrontar a un auditorio era precisamente para pedir disculpas por haber pedido la palabra públicamente para hacer ingresar un discurso privado en el espacio de lo público. Sabemos que eso tiene consecuencias. Un par de ejemplos: todos hemos tenido el deseo por la mujer de alguno de nuestros buenos amigo o por una de las buenas amigas de nuestra novia, pero de eso no se sigue que uno tenga que hacer público tal deseo y confesárselo a dicho amigo o a nuestra novia, respectivamente. Eso no es sinceridad, sino estupidez. Lo mismo ocurre en economía: la información es uno de los principales móviles de las inversiones; cuando uno ocupa un lugar importante dentro del sistema económico puede tener el presentimiento de que tal o cual empresa o bien no parece seguro, pero abrir la boca para decir tal intuición en público no lo haría ningun economista. En ambos ejemplos vemos como es que el acto de comunicar es el que performa una crisis en el sistema; en el primer caso quiebra mi amistad o mi noviazgo, en el segundo caso desbarajusta un sistema económico entero o lleva a la ruina una empresa. Es precisamente eso lo que acontece con Enriquez-Ominami, ya que en todos estos casos el acto de habla quebranta el sistema, pues como dijimos, hace ingresar algo del espacio privado en el espacio público: como dice Freud, mientra que el espacio individual es el de la libertad y el descenfreno el espacio público o social es el de las normas y el de la moralidad y cuando hago ingresar el descenfreno de lo privado en la reglamentación del público este último colapsa.

Ahora bien volviendo al asunto central debemos preguntárnos ¿cuál es el motivo de sus declaraciones si no tenía por qué explicar los motivos que impulsaban a su voto? Al parecer no habría, pues no cumple las condiciones mínimas de enunciación: enuncia algo que no tiene sentido ni importancia (pues es privativamente individual dicha acción) en un espacio social (es decir, en el cual deben entregarse informaciones de importancia pública). Así, la declaración pierde sentido ya que su acto de habla se transforma en un acto hueco.

Otra alternativa es suponer que su mensaje no pretende entregar el mensaje que está entregando, o dicho con los pragmalinguistas: el mensaje locutivo es distinto al ilocutivo. Y esa es nuestra hipótesis.

En efecto, Enriquez-Ominami entrega un mensaje muy ambigüo, incluso contradictorio. Como ya esbozamos, se entrega un mensaje privado en un espacio público, pero al mismo tiempo se afirma que las intenciones individuales del emisor son las de no influir al público. Llevar este mensaje a buen puerto es claramente una imposibilidad, como podemos ver. Si leyeramos esta acción con Watzlawick nos daríamos cuenta como en el nivel de contenido (el mensaje mismo) se dice 'no deseo intervenir', mientras que en el interaccional (el señalar el contenido en un espacio político y para un público de votantes) señala 'deseo intervenir', lo que es base para el doble vínculo y la esquizofrenia del interlocutor.

Más interesante nos parece leerla con Zizek, ocupando la estrategia lacaniana del " 'alguien con..." podemos jugar a "Zizek con Enriquez-Ominami". Primero que todo, sabemos que actualmente la política se relaciona directamente con la administración del poder: eso se busca, eso se consigue y por eso se desgastan a diario los políticos. Utilzando a Zizek para iluminar la política, podemos señalar que el político tradicional es homologable al 'padre enchapado a la antigua' que señala Zizek como el padre autoritario. El "porque yo lo digo" es un lugar común en la política; tan sólo veamos a dirigentes como Camilo Escalona o Ricardo Lagos. En la situación de la elección que se encontraba Enriquez-Ominami estos dirigentes habrían dicho algo como 'ustedes deben votar por Frei, porque es lo mejor para el partido y para la nación'. Si bien es una coerción directa y amenazante, al menos dice la verdad: lo mejor para el partido o para la nación no necesariamente es lo mejor para mi como individuo. El político busca conservar el poder y lo dice a la cara. En el peor de los casos de este mandato uno se puede resistir. Esa es la característica del poder: la resistencia.

Marco Enriquez-Ominami encaja perfectamente con la figura simétricamente opuesta de la política tradicional, y que Zizek denomina como el padre tolerante posmoderno (o hippie). Ya que a la vez que señala que algo debe hacer para que no salga Piñera ( 'es de mi responsabilidad hacer lo que pueda para que eso no ocurra salir la derecha') afirma que no desea coercionar a sus adherentes para que contribuyan al inminente peligro de que salga Piñera ('la libertad de ustedes no está puesta en duda'). Con eso Enriquez-Ominami intenta lograr en uno el -parafraseando a Zizek- "no sólo tienes que ir a votar por Frei, ¡sino que te tiene que gustar hacerlo! Allí yace toda esa ambiguedad, todo lo equívoco del mensaje, lo contradictorio. Ya que lo locutivo es lo único que queda registrado y tiene el estatuto de lo lógico mientras que lo ilocutivo se pierde después de enunciado y tiene un estatuto interpretativo, el emisor puede con facilidad desentenderse de lo ilocutivo del mensaje, y por ende caer en una actitud completamente antiética y sucia. Lo locutivo puede tapar como un manto el mensaje ilocutivo que pide a gritos que uno vote por Frei.

El mensaje de un político del estilo de Enriquez-Ominami termina por ser más sucio, desleal e ideológico que el poder directo y sin velo respecto a sus intenciones, como el de un Longueira que adora los avances de la modernización económicas mientras que desea mantenerse alejado de los avances de la modernización cultural y de las costumbres, para así sostener anacrónicamente una cultura del siglo XIX. Tal poder oculto y subrepticio, que se oculta estructuralmente como lo hace la ideología, no permite resistencia, pues es un poder como el que se presenta en las novelas de Kafka: un poder sin rostro y que sin darnos cuenta nos tiene a su merced.

A mi juicio esto es lo que Enriquez-Ominami debió haber evitado. Esto porque en definitiva Enriquez-Ominami, sin quererlo, ensució y empercudió su imagen pública mostrándo su lado más inconsistente.

Este acontecimiento nos permite iluminar el hecho de que la libertad en muchos casos está atravesada de poder y de ideología, a pesar de que el sentido común dictamine lo contrario y por último que el peor poder -como dice Foucault- es aquel que se quiere hacer pasar por libertad.

Al mismo tiempo nos puede entregar material para el futuro. Por una parte nos puede ayudar a intuir cuan inocente es la gente que sigue creyendo en Marco Enriquez-Ominami como un sujeto que no está cruzado por deseos, sino que está entregado a deberes históricos. Por otra parte, nos puede dar indicios de cómo sigue la memoria histórica del pueblo chileno, que inevitablemente olvida todo aquello que no debiese olvidar.

domingo, 30 de noviembre de 2008

El deseo es un fingidor

La otra vez fui a una jornada que se centró en el tema de 'cuerpo y psicoanálisis'. Ambos temas recién los estoy descubriendo, y me han sido muy interesantes. En particular me pareció estupendo el hecho de la conjunción de ambos temas, ya que a mi juicio dicha articulación es una resistencia en contra de la monopolización de la intervención y reflexión del y sobre el cuerpo. Con eso me refiero a los transpersonales, que no sé bajo qué pretensión creen que el cuerpo es un ámbito propio de su espacio geopolítico; es claro que ese es un ejemplar y un síntoma de un conjunto más amplio, lo que Jay Gould denomina "Místicos Californianos".
El tema no es ese en realidad. Lo que deseo comentar(me) es la conversación que tuve en el receso de almuerzo de esa jornada con un muy buen amigo y, a mi gusto, un muy buen poeta; claro, hablo de Manuel Araneda. Habitualmente es en los pasillos es donde los congresos y las conferencias cobran vida, y es precisamente allí donde uno más discute y aprende, sobre todo si consideramos lo 'fama' que son los dispositivos conferenciales, en contraposición con el coloquio de pasillo, que es totalmente 'cronopio' -al menos en nuestro caso.
Uno de los temas que más hablamos fue el del lenguaje y el de lo simbólico. A mi gusto, y eso era lo que yo defendía, no hay nada más allá ni más acá del lenguaje, de lo simbólico (que no son lo mismo pero sí). La distinción entre uno y otro, que hacía yo era que el lenguaje era al eje sintagmático lo que lo simbólico al eje paradigmático; lo que en el fondo señala que ambos niveles están compuestos de lo mismo. En la discusión terminó saliendo el tema de lo que no puede ser dicho, y en efecto yo señalaba que lo que no puede ser dicho existe, sólo en tanto es delimitado por el lenguaje, en tanto señalamos que hay un espacio oscuro y nebuloso del cual no podemos hablar. Un ejemplo de ello son las emociones. Éstas no pueden ser dichas, y cuando lo son dichas, en verdad y en último término sabemos que no. Ahora, estas emociones existen en la medida que son contrapuestas a un lenguaje, un lenguaje que no le es permitido clarificar que son las emociones. Por eso las emociones se nos presentan con la imagen de 'oscuridad', de 'nebuloso', de 'interior'. En suma, mi opinión es que si no hay lenguaje no hay emociones, con la condición que la emoción solo existe en ese espacio que no hay lenguaje. A todo eso le llamé un 'desconocimiento conocido': en términos pedestres, podemos pensar que ese fenómeno se da muchas veces en el campo cuando uno camina en plena noche sin luz eléctrica de la casa del amigo a la propia, y en el trayecto no sabemos lo que hay pero conocemos ese 'no saber lo que hay'; y es así que llegamos a nuestra casa. En términos más axiológicos podemos pensar la relación con la muerte, que desconocimiento más conocido que ese. De esta imposibilidad de hablar es de una de las que más hablamos.
En ese mismo sentido terminé señalando que siempre habría un resto, un algo que no podría ser dicho, que quedaría sólo para uno. Y ni siquiera uno sabría muy bien qué decir al respecto de eso que quedó solo para uno, pues es claro que no puede ser dicho: hay algo que es en una parte y en otra no es, que no puede ser dicho a nadie, ni siquiera para uno.
Manuel, mi amigo, me dijo de inmediato que no estaba de acuerdo pues en la poesía el poeta comunicaba y hacía sentir a otros lo que él mismo sentía (lo dijo con mucha más lozanía, como es característico de él)... no supe bien qué decirle en ese momento, la verdad y justo nos teníamos que ir, así que la discusión llegó hasta ese punto. Es más, lo había olvidado hasta que me puse a leer un libro y a pensar sobre Pessoa y Lihn. Y he llegado a pensar con estos últimos referentes que la poesía es la escritura de una imposibilidad. Se inteta decir aquello que justamente cuando es dicho se desvanece. Aquello que en cada intento de articulación termina desarticulado.
"El deseante no puede decir nada de sí mismo, si no aboliéndose como deseante. Esto es lo que define el lugar puro del sujeto en tanto que vano, incluso la síncopa del lenguaje es impotente para decir, porque, desde que dice, el sujeto no es ta nada más que un pedigüeño, pasa al reistro de la demanda y es otra cosa" (J. Lacan, Seminario VIII 'La transferencia').
Eso me hizo pensar que nunca está todo dicho y no porque no se quiera, si no porque no se puede. En este mismo gesto se circunscriben los poetas. Intentan decir lo que no pudo ser dicho, y en ese mismo gesto su poema no cumple lo que pudo ser en su concepción original. Pienso que es por eso mismo que los poetas nunca dejan de escribir. En ese escribir intentan colar ese deseo (¿deseo de qué?, no sé, pero deseo de algo) a través del poema, y que en efecto pareciera que se cumple, pero no: "Pero escribí: tuve esa rara certeza / la ilusión de tener el mundo entre las manos / -¡qué ilusión más perfecta...".
Es por esa imposibilidad que se repite el acto de la escritura, es por eso mismo que siguen habiendo más poetas. Si hubiese sido la palabra dicha, ya no tendría nadie más que escribir. Y pues, creo que esa experiencia la debe vivir cualquier poeta o escritor cuando termina sus textos y los repasa, de cierto modo van perdiendo el encanto primigenio. Luego son desperdigados y otros le encuentran ese encanto que, bien sabrá alguien cuál es. El escribir es un acto de repetición que nos hace vivir a muchos, a otros al contrario los hace morir. Lihn dice en ese mismo poema citado, cuando cierra en el último verso: "porque escribí, porque escribí estoy vivo"; uno podría cambiarlo diciendo en lacanes (a pesar de lo horrible que pueda sonar): "porque desee, porque desee estoy vivo". Pienso que en el gesto de escribir en efecto se expresa una imposibilidad, pero como negatividad. Aparece el gesto del deseo, pero en su ausencia de presencia.
Finalmente creo que el texto recién puesto de Lacan puede ser complementado con un poema de Pessoa que una vez ya fue colocado en este espacio, y es 'Autopsicografía', que a mi juicio muestra totalmente esa imposibilidad del poeta, que lo derrumba pero lo hace vivir.
El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que en verdad siente.
Y, en el dolor que han leído,
A leer sus lectores vienen,
No los dos que él ha tenido,
Sino sólo el que no tienen.
Y así en la vida se mete,
Distrayendo a la razón,
Y gira, el tren de juguete
Que se llama corazón.