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jueves, 12 de junio de 2014

INJENUA - PESOA VELIZ


INJENUA
El profesor a Juan, en jeometría,
defíname la curva, dijo un día,
y el pobre Juan le respondió sereno:
línea que la mujer tiene en el seno.

Carlos Pezoa Véliz De "Alma de Chile" (1908)

martes, 26 de julio de 2011

Dame tu sucio amor - Marilú Urriola

Urriola un gran descubrimiento. Dedicado para nadie.

"Dame tu sucio amor que se quema sin llamas, mi corazón ha afollado, derramado en su vicio, alojado en su tumor, labré mi dolor en la peor herrería, el barro cubre mis pies, me he revolcado en un amor bastardo, con la holgadura de una delincuente cercené, arrojé la dura carga de amar en la soledad, en medio de la caída y el desfallecimiento, dame ese amor sucio, lastima mi alma, cúbreme."

lunes, 25 de julio de 2011

La portadora - Jorge Teillier

[Para L.H.]

Y si te amo, es porque veo en ti la Portadora,
la que, sin saberlo, trae la blanca estrella de la mañana,
el anuncio del viaje
a través de días y días trenzados como las hebras de la lluvia
cuya cabellera, como la tuya, me sigue.
Pues bien sé yo que el cuerpo no es sino una palabra más,
más allá del fatigado aliento nocturno que se mezcla,
la rama de canelo que
los sueños agitan tras cada muerte ,
que nos une
pues bien sé yo que tú y yo no somos sino una palabra más
que terminará de pronunciarse
tras dispensarse una a otra
como los ciegos entre ellos se dispensan el vino, ese sol
que brilla para quienes nunca verán.

Y nuestros días son palabras pronunciadas por otros,
palabras que esconden palabras más grandes.
Por eso te digo tras las pálidas máscaras de estas palabras
y antes de callar para mostrar mi verdadero rostro:
"Toma mi mano. Piensa que estamos entre la multitud aturdida
y satisfecha ante las puertas infernales,
y que ante esas puertas, por un momento, llenos de compasión,
aprisionamos amor en nuestras manos
y tal vez nos será dispensado
conservar el recuerdo de una sola palabra amada
y el recuerdo de ese gesto,
lo único nuestro".

lunes, 26 de julio de 2010

Una disquisición y un poema.

No he tenido mucho tiempo como para prestarle la atención que se merece a mi blog. Eso me parece un poco preocupante, puesto que mi blog es un algo así como medidor del nivel de mi reflexividad, cavilaciones, preguntas y destellos. De seguro que ese vacío es producto del trabajo y de estudiar una segunda carrera de pregado.

Los pregrados no le dan genuina cabida a la capacidad de rumiar, tan ensalzada por Nietzsche, como lo propio del filósofo: a penas se pueda masticar, saborear y digerir lo visto; más bien abunda lo vertiginoso, el apuro, el resultado.

Como siempre, hasta en la academia, que continuamente se cree librada, podemos ver la colonización de las lógicas sistémicas (ganancia y productividad) en desmedro de la lógica del entendimiento, la constitución de intersubjetividad y el encuentro.

Han pasado muchas cosas: el aumento sucesivo, violento, voluntario y sistemático del precio de la locomoción colectiva (que dicho sea de paso debiese ser penado como crímen de lesa humanidad); la sugerencia de indulto de criminales por parte del Episcopado; las desafortunadas declaraciones de la sub-directora del Junji; La negativa del gobierno a dar indulto; el aumento de patología en el AUGE, pero con el consecuente (y desconocido) efecto para la salud mental: se elimina la psicoterapia dentro de los protocolos de depresión.

Se podrían mencionar cientos sucesos más, pero la verdad es que desconosco muchos otros por tener escaso tiempo.

No deja de ser curioso el hecho que la profesión que uno suponía que podría contribuir a la mejoría y a la subjetivación de otros termine, finalmente, desbubjetivándome en muchos casos, y al mismo tiempo no logrando que se contribuya a la mejoría de otros. La verdad es que son contingencias.

Realmente tenía por intención en la presente entrada poner un poema de Pablo Neruda, que me resuena una y otra vez en la cabeza como el infinito mar lo hace en una caracola. Este poema es de su 'Residencia en la Tierra'. A mi juicio (de lego culto como diría Freud) es uno de los mejores poemas del vate. La estrofa que más me deleita es la cuarta: "A lo sonoro llega la muerte / como un zapato sin pie, como un traje sin hombre, / llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo, / llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta. / Sin embargo sus pasos suenan / y su vestido suena, callado, como un árbol." Innevitablemente (por deformación profesional) me hace pensar en el síntoma, como ese trozo de muerte (que igualmente es vida) que en su silencio hace resonar más que cualquier palabra: llega a gritar sin boca ni lengua ni garganta sin embargo sus pasos suenan.

Aquí dejo el hermoso poema de Neruda



SÓLO LA MUERTE

Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel al alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido sin perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.
Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado, como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos,
la muerte está en la escoba,
es la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.
La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante.

miércoles, 27 de enero de 2010

Don Pablo

Las vacaciones estaban planas en cuanto a lecturas hasta que llegó Pablo de Rokha a mis manos: poético, emético y electrizante. Se refrescan estos días entre el correr de los días. Hace mucho que vivía días nublados para la poesía; ahora se mantendrá la oscuridad pero serán días de lumbre. Me alegro haberme topado por casualidad y tal vez causalidad con la Antología de de Rokha 'Epopeya de las comidas y las bebidas de Chile', compilado por Carlos Droguett.

"... ¡Versificar a bofetadas.
ser trágico, brutal y fuerte,
y colgar una bufonada
sobre la vida y la muerte!"
(De 'Prólogo' en 'El folletín del Diablo')

domingo, 30 de noviembre de 2008

El deseo es un fingidor

La otra vez fui a una jornada que se centró en el tema de 'cuerpo y psicoanálisis'. Ambos temas recién los estoy descubriendo, y me han sido muy interesantes. En particular me pareció estupendo el hecho de la conjunción de ambos temas, ya que a mi juicio dicha articulación es una resistencia en contra de la monopolización de la intervención y reflexión del y sobre el cuerpo. Con eso me refiero a los transpersonales, que no sé bajo qué pretensión creen que el cuerpo es un ámbito propio de su espacio geopolítico; es claro que ese es un ejemplar y un síntoma de un conjunto más amplio, lo que Jay Gould denomina "Místicos Californianos".
El tema no es ese en realidad. Lo que deseo comentar(me) es la conversación que tuve en el receso de almuerzo de esa jornada con un muy buen amigo y, a mi gusto, un muy buen poeta; claro, hablo de Manuel Araneda. Habitualmente es en los pasillos es donde los congresos y las conferencias cobran vida, y es precisamente allí donde uno más discute y aprende, sobre todo si consideramos lo 'fama' que son los dispositivos conferenciales, en contraposición con el coloquio de pasillo, que es totalmente 'cronopio' -al menos en nuestro caso.
Uno de los temas que más hablamos fue el del lenguaje y el de lo simbólico. A mi gusto, y eso era lo que yo defendía, no hay nada más allá ni más acá del lenguaje, de lo simbólico (que no son lo mismo pero sí). La distinción entre uno y otro, que hacía yo era que el lenguaje era al eje sintagmático lo que lo simbólico al eje paradigmático; lo que en el fondo señala que ambos niveles están compuestos de lo mismo. En la discusión terminó saliendo el tema de lo que no puede ser dicho, y en efecto yo señalaba que lo que no puede ser dicho existe, sólo en tanto es delimitado por el lenguaje, en tanto señalamos que hay un espacio oscuro y nebuloso del cual no podemos hablar. Un ejemplo de ello son las emociones. Éstas no pueden ser dichas, y cuando lo son dichas, en verdad y en último término sabemos que no. Ahora, estas emociones existen en la medida que son contrapuestas a un lenguaje, un lenguaje que no le es permitido clarificar que son las emociones. Por eso las emociones se nos presentan con la imagen de 'oscuridad', de 'nebuloso', de 'interior'. En suma, mi opinión es que si no hay lenguaje no hay emociones, con la condición que la emoción solo existe en ese espacio que no hay lenguaje. A todo eso le llamé un 'desconocimiento conocido': en términos pedestres, podemos pensar que ese fenómeno se da muchas veces en el campo cuando uno camina en plena noche sin luz eléctrica de la casa del amigo a la propia, y en el trayecto no sabemos lo que hay pero conocemos ese 'no saber lo que hay'; y es así que llegamos a nuestra casa. En términos más axiológicos podemos pensar la relación con la muerte, que desconocimiento más conocido que ese. De esta imposibilidad de hablar es de una de las que más hablamos.
En ese mismo sentido terminé señalando que siempre habría un resto, un algo que no podría ser dicho, que quedaría sólo para uno. Y ni siquiera uno sabría muy bien qué decir al respecto de eso que quedó solo para uno, pues es claro que no puede ser dicho: hay algo que es en una parte y en otra no es, que no puede ser dicho a nadie, ni siquiera para uno.
Manuel, mi amigo, me dijo de inmediato que no estaba de acuerdo pues en la poesía el poeta comunicaba y hacía sentir a otros lo que él mismo sentía (lo dijo con mucha más lozanía, como es característico de él)... no supe bien qué decirle en ese momento, la verdad y justo nos teníamos que ir, así que la discusión llegó hasta ese punto. Es más, lo había olvidado hasta que me puse a leer un libro y a pensar sobre Pessoa y Lihn. Y he llegado a pensar con estos últimos referentes que la poesía es la escritura de una imposibilidad. Se inteta decir aquello que justamente cuando es dicho se desvanece. Aquello que en cada intento de articulación termina desarticulado.
"El deseante no puede decir nada de sí mismo, si no aboliéndose como deseante. Esto es lo que define el lugar puro del sujeto en tanto que vano, incluso la síncopa del lenguaje es impotente para decir, porque, desde que dice, el sujeto no es ta nada más que un pedigüeño, pasa al reistro de la demanda y es otra cosa" (J. Lacan, Seminario VIII 'La transferencia').
Eso me hizo pensar que nunca está todo dicho y no porque no se quiera, si no porque no se puede. En este mismo gesto se circunscriben los poetas. Intentan decir lo que no pudo ser dicho, y en ese mismo gesto su poema no cumple lo que pudo ser en su concepción original. Pienso que es por eso mismo que los poetas nunca dejan de escribir. En ese escribir intentan colar ese deseo (¿deseo de qué?, no sé, pero deseo de algo) a través del poema, y que en efecto pareciera que se cumple, pero no: "Pero escribí: tuve esa rara certeza / la ilusión de tener el mundo entre las manos / -¡qué ilusión más perfecta...".
Es por esa imposibilidad que se repite el acto de la escritura, es por eso mismo que siguen habiendo más poetas. Si hubiese sido la palabra dicha, ya no tendría nadie más que escribir. Y pues, creo que esa experiencia la debe vivir cualquier poeta o escritor cuando termina sus textos y los repasa, de cierto modo van perdiendo el encanto primigenio. Luego son desperdigados y otros le encuentran ese encanto que, bien sabrá alguien cuál es. El escribir es un acto de repetición que nos hace vivir a muchos, a otros al contrario los hace morir. Lihn dice en ese mismo poema citado, cuando cierra en el último verso: "porque escribí, porque escribí estoy vivo"; uno podría cambiarlo diciendo en lacanes (a pesar de lo horrible que pueda sonar): "porque desee, porque desee estoy vivo". Pienso que en el gesto de escribir en efecto se expresa una imposibilidad, pero como negatividad. Aparece el gesto del deseo, pero en su ausencia de presencia.
Finalmente creo que el texto recién puesto de Lacan puede ser complementado con un poema de Pessoa que una vez ya fue colocado en este espacio, y es 'Autopsicografía', que a mi juicio muestra totalmente esa imposibilidad del poeta, que lo derrumba pero lo hace vivir.
El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que en verdad siente.
Y, en el dolor que han leído,
A leer sus lectores vienen,
No los dos que él ha tenido,
Sino sólo el que no tienen.
Y así en la vida se mete,
Distrayendo a la razón,
Y gira, el tren de juguete
Que se llama corazón.

martes, 28 de octubre de 2008

Los heraldos negros (César Vallejo)

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!


domingo, 5 de octubre de 2008

Un 'Don', así con mayúscula.


En el último tiempo he estado escuchando algo de jazz. No he diversificado mucho a los compositores e interpretes. Eso se ha debido un poco a mi desidia como también a que no tengo internet como para dejarlo bajando. En realidad ese poco rigor en mi calidad de auditor de música me ha importado poco, ya que el presunto hueco de artistas, autores y temas lo ha llenado de sobremanera un queridisimo cronopio del jazz, que no es ni Louis Armstrong, ni tampoco Charlie 'El perseguidor' Parker. El jazzista al que me refiero es un 'Don', sí, así con mayúscula; otro de mis viejos queridos: mi querido Don Miles Davis.

Es cierto que he eschudado poco de su música, sobre todo porque me he quedado una y otra vez en su disco precioso 'Kind of Blue'.

La verdad es que me gustaría decir algo más, sin embargo soy un lego en el jazz, como para ponerme a hablar de su disco, y por lo mismo dejaré un link a una de sus canciones para que cada quien que se interese por este viejo lo escuche, y no sea yo quien le desbarate a través de palabras a una obra que de hecho no cabe en éstas. En segundo lugar, tampoco diré algo sobre la vida de Don Miles, porque hay lugares más adecuados de donde sacar algo de su biografía.

Lo que sí haré, es ser arbitrario en esta oportunidad y dejaré una canción que de buenas a primeras creo que le gustará a cualquiera que tenga un oido gustoso de conocer cosas nuevas (Como también, diría Bourdieu, un oido que haya ido adquiriendo un Capital Cultural tal, que le parezcan refinados estos tipos de músicas, generando así una 'distinción' del gusto basada no en sensibilidades innatas sino que socialmente adquiridad. Remítase a 'La distinción': las bases sociales del gusto, de Pierre Bourdieu.). Sin embargo, lo anterior no quita que mi criterio sea arbitrario. La pieza que he escogido no es más ni menos que 'So what', que cada vez que la escucho me da el exabrupto de ponerme audífonos y salir a caminar a la ciudad y perderme en ella.






viernes, 3 de octubre de 2008

Un viejo lozano.

La otra vez hablaba con una amiga vaguedades sobre la poesía. Como corresponde a todo ese tipo de conversaciones informales, más allá de preocuparnos del contenido lo hacíamos de la relación que se establecía, de su función meramente conativa. Por lo mismo no recuerdo mucho de qué fue lo que hablamos (tal vez lo anterior sea una manera barata de justificar mi mala memoria). Lo que sí recuerdo, y que quedó reberberando en mi o, como me gusta decir, rumiando hasta ahora fue una pregunta o comentario que hizo, que no pude contestar satisfactoriamente. Me señalaba que a ella no le gustaba mucho la poesía, porque toda ella siempre referían a la tristeza, el desamor, el desengaño, en síntesis, lo más oscuro de nuestra humana condición. Yo le decía que tenía razón que muchos poetas enfatizaban ese aspecto, pero que no era lo primordial. Sin embargo en ese momento no se me ocurrió algún ejemplo para mencionarle.

Al otro día me puse a buscar en mi memoria y en mis estantes, donde guardo los libros, y no encontré ningún poeta que se dedicara a cantarle a la vida. Una de las razones es porque a mi me gusta mucho la poesía con sabor a 'mate amargo', donde lo hermoso no sea sino 'el comienzo de lo terrible' y así sucesivamente. Es cierto que Fernando Pessoa tiene poemas a la vida, pero también es igual de cierto que nunca sus versos dejan de tener un sabor melancólico y áspero como el de la resaca a la mañana siguiente de una buena borrachera. Por lo mismo lo descarté.

Para resumir las cosas, después de varios días caí en cuenta de lo tonto que fui al no recordar a uno de los poetas más lozanos y grandiosos, que cumplía perfectamente con esa frescura del rocío de la mañana y de tierra recién mojada: Walt Whitman.



Por eso mismo, pondré la apertura de 'Canto a mi mismo' de ese querido viejo. La traducción corresponde a Luis Felipe.



Luego subiré otro que me gusta mucho de Walt Whitman.



-I-

Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.

Vago... e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra
para ver cómo crece la hierba del estío.
Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí,
de esta tierra y de estos vientos.
Me engendraron padres que nacieron aquí,
de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí,
de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también.
Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta. Y con mi aliento puro
comienzo a cantar hoy
y no terminaré mi canto hasta que muera.
Que se callen ahora las escuelas y los credos.
Atrás. A su sitio.
Sé cuál es su misión y no la olvidaré;
que nadie la olvide.
Pero ahora yo ofrezco mi pecho lo mismo al bien que al mal,
dejo hablar a todos sin restricción,
y abro de para en par las puertas a la energía original de la naturaleza desenfrenada.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

"Por lo menos es breve".

Para no desentonar con los últimos días, refiriéndome con esto tanto a la productividad de mi blog cuanto al seminario sobre biopolítica y neoliberalismo -realizado ayer y hoy por el IDH de la Universidad Diego Portales-, subiré un texto que me encanta de Michel Foucault. No es ni más ni menos que el segundo prólogo/no-prólogo de la tesis de doctorado de éste, intitulada en su publicación como "Historia de la locura en la época clásica". En términos sintéticos rescato el entrecruce polifónico de un Foucault reflexivo y crítico con el acto escritural como también una voz eminentemente poética. El producto, claro está, es de una hermosura y riqueza -a mi vista- sublime. Sin querer entrar en mayores preámbulos me gustaría sí, comentarles que me parece importante que puedan leer detenidamente el prólogo: no estaría de más y de paso aprenderían mucho. No digo más, porque este corto prólogo se sostiene por sí mismo -o tal vez, ustedes lo sostienen y lo repiten y lo pliegan, etc., etc. Pues ahora sí, aquí va el texto.


Para este libro ya viejo debería yo escribir un nuevo prólogo. Mas confieso que la idea me desagrada, pues, por más que yo hiciera, no dejaría de querer justificarlo por lo que era y de reinscribirlo, hasta donde pudiera, en lo que acontece hoy. Posible o no, hábil o no, eso no sería honrado. Sobre todo, no sería conforme a como, en relación a un libro, debe ser la reserva de quien lo ha escrito. Se produce un libro: acontecimiento minúsculo, pequeño objeto manuable. Desde entonces, es arrastrado a un incesante juego de repeticiones; sus "dobles", a su alrededor y muy lejos de él, se ponen a pulular; cada lectura le da, por un instante, un cuerpo impalpable y único; circulan fragmentos de él mismo que se hacen pasar por él, que, según se cree, lo contienen casi por entero y en los cuales finalmente, le ocurre que encuentra refugio; los comentarios lo desdoblan, otros discursos donde finalmente debe aparecer él mismo, confesar lo que se había negado a decir, librarse de lo que ostentosamente simulaba ser. La reedición en otro momento, en otro lugar es también uno de tales dobles: ni completa simulación ni completa identidad.
Grande es la tentación, para quien escribe el libro, de imponer su ley a toda esa profusión de simulacros, de prescribirles una forma, de darles una identidad, de imponerles una marca que dé a todos cierto valor constante. "Yo soy el autor: mirad mi rostro o mi perfil; esto es a lo que deben parecerse todas esas figuras calcadas que van a circular con mi nombre; aquellas que se le aparten no valdrán nada; y es por su grado de parecido como podréis juzgar del valor de las demás. Yo soy el nombre, la ley, el alma, el secreto, el equilibrio de todos esos dobles míos. “Así se escribe el prólogo, primer acto por el cual empieza a establecerse la monarquía del autor, declaración de tiranía: mi intención debe ser vuestro precepto, plegaréis vuestra lectura, vuestros análisis, vuestras críticas, a lo que yo he querido hacer. Comprended bien mi modestia: cuando hablo de los límites de mi empresa, mi intención es reducir vuestra libertad; y si proclamo mi convicción de no haber estado a la altura de mi tarea, es porque no quiero dejaros el privilegio de oponer a mi libro el fantasma de otro, muy cercano a él, pero más bello. Yo soy el monarca de las cosas que he dicho y ejerzo sobre ellas un imperio eminente: el de mi intención y el del sentido que he deseado darles. Yo quiero que un libro, al menos del lado de quien lo ha escrito, no sea más que las frases de que está hecho; que no se desdoble en el prólogo, ese primer simulacro de sí mismo, que pretende imponer su ley a todos los que, en el futuro, podrían formarse a partir de él. Quiero que este objeto-acontecimiento, casi imperceptible entre tantos otros, se re-copie, se fragmente, se repita, se imite, se desdoble y finalmente desaparezca sin que aquel a quien le tocó producirlo pueda jamás reivindicar el derecho de ser su amo, de imponer lo que debe decir, ni de decir lo que debe ser. En suma, quiero que un libro no se dé a sí mismo ese estatuto de texto al cual bien sabrán reducirlo la pedagogía y la crítica; pero que no tenga el desparpajo de presentarse como discurso: a la vez batalla y arma, estrategia y choque, lucha y trofeo o herida, coyuntura y vestigios, cita irregular y escena respetable.
Por eso, a la demanda que se me ha hecho de escribir un nuevo prólogo para este libro reeditado, sólo he podido responder una cosa: suprimamos el antiguo. Eso sería lo honrado. No tratemos de justificar este viejo libro, ni de re-inscribirlo en el presente; la serie de acontecimientos a los cuales concierne y que son su verdadera ley está lejos de haberse cerrado. En cuanto a novedad, no finjamos descubrirla en él, como una reserva secreta, como una riqueza antes inadvertida: sólo está hecha de las cosas que se han dicho acerca de él, y de los acontecimientos a que ha sido arrastrado.
Me contentaré con añadir dos textos: uno, ya publicado, en el cual comento una frase que dije un poco a ciegas: "la locura, la falta de obra"; el otro inédito en Francia, en el cual trato de contestar a una notable crítica de Derrida.
—Pero ¡usted acaba de hacer un prólogo!
—Por lo menos es breve


MlCHEL FOUCAULT


sábado, 12 de julio de 2008

A Romina Canessa.

Nathalie

Estuvimos a punto de ejecutar un trabajo perfecto,
Nathalie en una casa de piedra de Provenza.
Dirás ahora que todo estuvo mal desde el principio
pero lo cierto es que exhumamos, como por arte de magia,
todos, increíblemente todos los restos del amor
y en lo que a mí respecta hasta su aliento mismo:
el ramillete de flores de lavanda.
Es cierto: nuestras buenas intenciones fracasaron,
nuestros proyectos se redujeron al polvo del camino
entre la casa de Lulú y la tuya.
No se podía ir más lejos con los niños
que además se orinaron en nuestro experimento;
pero aprendí a Michaux en tu casa, Nathalie; una
vociferación que me faltaba,
un dolor, otra vez, incalculable
para el cual las palabras no tienen gusto a nada.

Vuelvo a París con el cuaderno vacío,
tu trasero en lugar de mi cabeza,
tus piernas prodigiosas en lugar de mis brazos,
el corazón en la boca no sé si de tu estómago o del mío.
Todo lo intercambiamos, devorándonos: órganos y
memorias, accidentes del esfuerzo por calarnos a fondo,
Nathalie, por fundirnos en una sola pulpa.

Creer en dios; sólo me falta esto
y completar, rumiando, el ciclo de la baba,
a lo largo de Francia.
Pero sí, trabajamos duramente
hombro con hombro, ombligo contra ombligo
y estuvimos a punto de sumergirnos en Rilke.

No hemos perdido nada:
este dolor era todo lo que podía esperarse;
sólo me falta aullarlo en el momento oportuno,
mi viejecilla, mi avispa, mi madre de
dos hijos casi míos, mi vientre.

"Va faire dodo Alexandre. Va faire dodo Gérome."
Ah, qué alivio para ellos
el flujo de la baba de la conciliación. Toda otra
forma de culto es una mierda.
Me hago literatura.
Este poema es todo lo que podía esperarse
después de semejante trabajo, Nathalie.














Post Scriptum: De veras lo siento.

domingo, 13 de abril de 2008

Sin título.


V

Esté donde esté
–sentado o de pie–
si me descuido:
lloro.


Ni Yo - Claudio Bertoni

miércoles, 24 de octubre de 2007

Pessoa: O poeta e um fingidor


Hace varios días que no tengo idea en mente de qué poner en el blog. Lo único que me ha venido para remplazar esa carencia es Fernando Pessoa. Creo que algún extracto o poema entero pueden dar un importante espacio de reflexión a quien lea lo que estoy subiendo.

Sin dar una perorata ni algo similar daré un par de datos, tal vez con el fin de contextualizar a este importante poeta, tanto de Portugal como de Europa y el mundo.

Fernando Pessoa nació en 1888 en la ciudad de Lisboa, capital de Portugal. Toda su vida estuvo centrada alrededor de la literatura: traductor, ensayista, crítico literario, novelista, dramaturgo y poeta.

A corta edad se fue a Sudáfrica, donde aprendió el inglés dominándolo al igual que el portugués como lengua materna. Este hecho lo acercaría a la literatura inglesa; a autores de la altura de Shakespeare, Edgar Allan Poe, Lord Byron,entre otros.

Al volver a Portugal comenzó a escribir poesía con diferentes heterónimos. Este ejercicio implicó escindir sus múltiples 'yoes' y darles vida independiente entre estos. Eso llegó a tal nivel que incluso los heterónimos se criticaban literariamente entre si en diarios portugueses. Dentro de los heterónimos más conocidos están Álvaro de Campos, Ricardo Reis y Alberto Caeiro. De este último heterónimo es el poema de Pessoa que pondré.

Pessoa murió de un ataque hepático producto de un alcoholismo activo que lo acompañó toda su vida. Se cuenta que Pessoa en su convalecencia le pidió a sus enfermeras que le pasaran sus inconfundibles gafas y le buscaran a sus heterónimos. El último verso escrito por Pessoa antes de morir lo escribió en inglés y decía: "I know not what tomorrow will bring" (No sé lo que el mundo mañana traerá)

El extracto que pondré es de la obra 'El guardador de rebaños' escrito por Caeiros. Este heterónimo es mucho más metafísico y filosófico que los otros de Pessoa (o como le gustaría decir a Pessoa, no-filosófico).

XXXIX


El misterio de las cosas, Dónde está?
Si apareciese, al menos,
Para mostrarnos que es misterio
Qué sabe de esto el río, qué sabe el árbol?
Y yo, que no soy más, qué se yo?
Siempre que veo las cosas
Y pienso en lo que los hombres piensan de ellas,
Río con el fresco sonido del río sobre la piedra.

El único sentido de las cosas
Es no tener sentido oculto.
Más raro que todas las rarezas,
Más que los sueños de los poetas
Y los pensamientos de los filósofos,
Es que las cosas sean realmente lo que parecen ser
Y que no haya nada que comprender.

Sí, eso es lo único que aprendieron solos mis sentidos:
Las cosas no tienen significación, tienen existencia.
Las cosas son el único sentido oculto de las cosas.

XXXIX


O mistério das cousas, onde está ele?
Onde está ele que não aparece
Pelo menos a mostrar-nos que é mistério?
Que sabe o rio disso e que sabe a árvore?
E eu, que não sou mais do que eles, que sei disso?
Sempre que olho para as cousas e penso no que os homens pensam delas,
Rio como um regato que soa fresco numa pedra.
Porque o único sentido oculto das cousas
É elas não terem sentido oculto nenhum,
É mais estranho do que todas as estranhezas
E do que os sonhos de todos os poetas
E os pensamentos de todos os filósofos,
Que as cousas sejam realmente o que parecem ser
E não haja nada que compreender.
Sim, eis o que os meus sentidos aprenderam sozinhos: —
As cousas não têm significação: têm existência.
As cousas são o único sentido oculto das cousas.

Además agregaré uno de los poemas más conocidos de Pessoa, se titula Autopsicografía.

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que en verdad siente.
Y, en el dolor que han leído,
A leer sus lectores vienen,
No los dos que él ha tenido,
Sino sólo el que no tienen.
Y así en la vida se mete,
Distrayendo a la razón,
Y gira, el tren de juguete
Que se llama corazón.




Autopsicografia

O poeta é um fingidor.
Finge tão completamente
Que chega a fingir que é dor
A dor que deveras sente.

E os que lêem o que escreve,
Na dor lida sentem bem,
Não as duas que ele teve,
Mas só a que eles não têm.

E assim nas calhas de roda
Gira, a entreter a razão,
Esse comboio de corda
Que se chama coração.


miércoles, 3 de octubre de 2007

Una extraordinaria noche.

La noche de hoy me junte con un grupo de amigos poetas en el barrio Lastarrias, al frente del Café Mosqueto. El grupo estaba conformado por Manuel Araneda, gran amigo de psicología, a quien se le ocurrió la estupenda idea de organizar la junta; Roberto Aedo, literato y gran profesor de la cátedra 'Expresividad' en psicología de la UDP; Guido Arroyo, estudiante de literatura de la UDP y editor de la Alquimia Editores, y finalmente Ignacio, cuyo apellido no conozco; estudiante de bioquímica en la PUC además de amante y conocedor de la poesía española.

No sabíamos bien donde ir, primero pensamos ir directamente al Café Mosqueto de Lastarrias, y luego al de la calle Mosqueto. Ambos estaban ocupados. Luego de mucho caminar y hablar de diversos temas (en realidad la mayoría referidos a literatura), por una intuición de Ignacio entramos sin mucho pensar a un Café arabe muy bueno, al cual no le recuerdo ni la ubicación ni el nombre. El dueño fue muy agradable y nos atendió de maravilla. Daba la sensación de esas personas que ama la conversación con sus clientes y que si no le agrada alguno lo echaría, sin mucho pensar, a patadas de su local.

Todos decidimos tomarnos un café turco; nunca lo había probado: una exquisites. El café sirvió para avivar la conversación: Pasamos por la poesía española, hablando de Quevedo y otros autores que en realidad no conosco; luego hablamos de la poesía chilena, y siendo más específico comentamos entretelones y anécdotas de poetas, tocamos a Lihn, Parra, Llanos, De Rokha y dentro de los que más comentamos fue a Neruda. Unas anécdotas notables.

Dentro de las anéctotas que salieron hay un par que me parecen increibles, por lo mismo las compartiré. Una de esas cuenta que un día cualquiera unos chilenos llegaron a ver a Neruda a su casa, preguntaron insistentemente golpeando y gritando; nadie contestó. Decidieron ir a la puerta y estaba semi-abierta. Al entrar salió una bandada de palomas blancas por la puerta y comenzó a sonar una extraña música -al parecer tenía aires místicos-, Neruda caminó lentamente, con ropajes exóticos o al menos no habituales, hacia la puerta; al darse cuenta que eran chilenos los invitados y que no eran, como él pensaba, unos invitados extranjeros que tenía invitados, dió un grito y echo a estos polizontes que no eran bienvenidos.

La otra historia partía con Neruda en la playa sentado y un par de mujeres a sus costados. Mirando al mar Neruda dice: "El poeta tiene frío" y las dos mujeres corren a buscarle un chal y se lo pone. Un rato después 'El poeta' señala: "El poeta tiene hambre" y las mujeres parten a buscarle comida para darsela en la boca. Son extraordinarias en verdad ambas.

Al parecer estabamos tan absortos en la conversación y nos veiamos tan motivados que el dueño del café nos dejó estar en el café una hora y media más allá de la hora de cierre, además que nos regaló café turco a todos y nos dijo que de vez en cuando se hacían lecturas. Definitivamente, conseguimos un segundo hogar en el café y un presunto amigo en el dueño del local.

A eso de las 11:30 pm nos fuimos; lo más grato fue que quedamos de juntarnos sistemáticamente a conversar y sumaríamos un par de poetas más. Me da gracias que del grupo soy el único que no soy poeta, además que en comparación de los otros, soy un neófito en literatura.

Luego de eso cada uno partió a su casa. Puedo decir a modo de resumen que la noche estuvo extraordinaria.

martes, 14 de agosto de 2007

Triste Interludio




XVI



Puedo hacer que tu nombre
suene
Violento
al levantar la voz rasposamente.

Puedo hacer que tu nombre
suene
Revolucionario
si remarco la 'R' y la alargo.

Puedo hacer que tu nombre
suene
Cortazeano
si reemplazo la 'R' por una 'G'.

Puedo hacer que tu nombre
suene
Profundo
si lo susurro al aire.

Puedo hacer que tu nombre
suene
Cercano
si sólo pronuncio las 2 primeras sílabas.

Puedo hacer sonar tu
nombre
Mudo
si sólo pienso en él y no lo nombro.

Puedo hacer sonar tu
nombre
Aburrido
si lo repito una y otra y otra vez sin cesar en la vía pública.

Puedo hacer sonar tu
nombre
Sagrado
si no lo comparto con nadie.

Puedo hacer sonar tu
nombre
Chabacano
si me lo tatúo en el brazo.

Puedo hacer resonar tu
nombre
si
hoy
lo transformo
en
poesía.


(De '...Poesía pedestre')

jueves, 9 de agosto de 2007

¿Por qué panoxismo? Primera parte.

Mientras comienzo a escribir estas primeras lineas, tengo total certeza que no sé bien qué decir y no decir. A pesar de eso, algo quiero decir; de algún modo quiero inagurar esta instancia de apertura. Apertura al egocentrísmo de la red tal vez, o quizá de la verborrea -y en el mejor y menos probable de los casos a la labia. Sé en cierta medida (no sé cuánta en realidad) me expongo a la crítica, y no sólo a eso, sino como persona: al pudor de ser contemplado y desgajado en las palabras leidas, a sin darme cuenta, colocar más de lo que conscientemente quise.

Por qué un blog. Es una pregunta que me hago todavía, y quizá, por lo mismo no tengo muy claro qué decir como inaguración. Tampoco sé si hay algo que inaugurar; pareciera ser que la inauguración presupone algo prometedor y festejoso, no lo sé realmente. Pero si así fuera, de inmediato se sumaría a esa incerteza de 'por qué un blog' la de 'por qué inaugurarlo', si en realidad no sé bien que futuro prometedor me podría traer esto.

Respecto a 'por qué un blog', al menos concientemente podría decir, de manera tentativa, que sentía envidia de esa cantidad ingente de personas que poseen uno. Es cierto que muchos de ellos escriben aberraciones, vodrios y ese tipo de cosas, sin embargo se atreven. Y ya eso, al menos para mi, es un gran logro (que, dicho sea de paso, se aminora bastante con la calidad del mismo). Pienso yo sin embargo que no es la envidia de que tengan o no tengan blog; si no, el hecho más profundo, que sientan que algo tienen que decir. A diario pienso qué es lo que yo puedo decir, y de vez en cuando pienso que muchas cosas. Y es más a veces las digo. Sin embargo, no queda absolutamente ningún registro si dije o no dije algo. Al no plasmarse en el espacio de lo público pierde toda relevancia, deja de importar si fue o no enunciado. En cierta medida, presupongo que esto es un neo-espacio público; donde, claro está no se encuentran las cara, ni los contactos directos, pero sí se encuentran, se empalman y se trenzan en dialogo discursos.

Y yo diría tal vez, que cala más hondo todo lo ya dicho. Esta sensación de envidia tiene relación con el hecho de tener miedo al fracaso, en la medida que una de mis prioridades futuras (por el mismo miedo no digo presentes) es escribir: no cuentos o novelas, o no especial y exclusivamente eso, ya que mi interes principal son los ensayos y la poesía o antepoesía como la llamo para bajarle el perfil a lo que escribo. Sé y conosco mis limitaciones, pero no deseo exponerme a ser estúpido o no enteder a mi interlocutor; quizá me encerré en el círculo vicioso de una imagen que en principio no quize proyectar, y por motivos que desconosco la tome a pecho: me refiero a esa imagen de intelectual posmoderno o de lacaniano. A veces me hago pasar por cierta ilusiones que no son más que eso. Igual, como modo de defenderme un poco traigo a colación una de las frases de Borges -que las dijo todas, como ya señaló Bolaño alguna vez-: 'la realidad es una de las convinaciones de la fantasía', o de la ilusión que puede ser convalidable. Sé que no debiese sentir envidia por esas personas conocidas que tienen blog o que publican, pero es más fácil que reconocer que uno es ser humano y que tiene defectos. En este segundo me incomoda por completo que se trivialize y se repitan tantos clisé uno tras otro.

El problema mayor, es que no siento que tenga capacidades orales ni escriturales (por no tener otra palabra en mente). No tienen cohesión y dan radicales saltos lógicos muchas de mis ideas, además que ni siquiera tienen mucha continuidad, como se puede notar a estas alturas en lo que llevo escrito.

Sin embargo, sacando en limpio lo positivo. Puede ser muy útil para mi escribir y escribir hasta el vómito: 1) por autoconocimiento; 2) por cuestiones de pulimentar y 3) por cuestiones de memoria e historia personal. Por nombrar algunas. No tengo muchas ganas de explicitar esos puntos.

Como punto muy aparte, el texto parece un poco un reto, o algo por el estilo, y en realidad lo puede ser. Pero en realidad no lo es para otra persona que no sea yo. Se me viene a la mente un clicé de Rimbaud: Yo es otro. Interpretando a mi gusto esa frase, puedo decir que es un reproche a ese millar de otros que llevo en el cuerpo individual y único que cada 'uno' posee. A ellos (a mi) es a quienes estoy reprochando. Cada vez que me hablo no me estoy hablando a mi, al que escribe, al que digita y plasma estas letras, si no a un Otro distinto, que no es acto en este momento sino una potencia, que en este momento al igual que el que escribe está leyendo, y que en un momento poco esperado tal vez aparesca (nuevamente los clicé) y tal vez también, se acuerde que su alter ego escribió esto. Yo no es yo: Yo es otro.

Por desgaste no deseo seguir escribiendo; por lo cual dividiré en dos el presente texto, en donde contestaré la pregunta que impulsó el presente texto, a mas bien que impulso el presente pretexto para el texto que está por terminar.

Es peligroso en cierta medida esto de exponerse. Miro para todos lados y sólo me acompaña la música que estoy escuchando y mis alter egos (y mis mi y yo). Sin embargo flotando en la red hay millares de ojos, o siendo más precisos, decenas que pueden leer esto, que escribí yo en este espacio solitario y privado como es mi pieza, pero que queda marcado en un extraño espacio público sin corporeidad, pero posiblemente lleno de ojos censores. La tensión que se produce es ser 'natural' o ser 'artificial', ante estos posibles observadores externos. Y la pregunta que nace, entonces, es por qué exponerce, por qué martirizarce a la posibilidad de quedar en vergüenza ante un otro. Eso ya es harina de otro costal que puede encontrar sus luces en lo histrionico.

Concluyo mi presentación, mi prologo y mi primera agonía con un poema de Baudelaire a modo de finalización de la inauguración oficial y solemne y a modo de apertura del jolgorio (de mi jolgorio).

Epígrafe para un libro condenado

Lector apacible y bucólico,
sobrio e ingenuo hombre de bien,
tira este libro saturnal,
orgiástico y melancólico.

Si no has estudiado retórica
con Satán, el astuto decano,
¡tíralo!, no entenderías nada,
o me creerías histérico.
Mas si, sin dejarse hechizar,
tus ojos saben hundirse en los abismos,
léeme para aprender a amarme;

alma singular que sufres
Y vas buscando tu paraíso,
¡compadéceme...! Si no, ¡te maldigo!

Charles Baudelaire en Las Flores del Mal.

Salud y que comienze el espectáculo.


P.S. El blog sigue en construcción.