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viernes, 30 de septiembre de 2011

Estudiante estrella, estudiante dócil.

Revisando un trabajo de un estudiante me encontré con la siguiente declaración:

"La educación no es un derecho, por algo todos competimos por un cupo al rendir la PSU y tenemos que ganarles a muchos. Se debe poner énfasis en la educación básica y media para igualar las oportunidades, pero también se deben entregar más becas por excelencia académica, incluso a los que tienen más recursos, porque ellos también se esforzaron por sacar buenos puntajes"

Son de una muchacha estudiante de Ingeniería Comercial de la Universidad Católica. Su particularidad es que ella fue uno de los puntajes nacionales en matemáticas. Esta declaración fue hecha dentro de un reportaje de diario La Tercera, del 29 de agosto de este año, sobre la participación de los estudiantes con puntaje nacional dentro del Movimiento estudiantil. El título deja inferir lo que intentan de sugerirles al público: "El 62% de los puntajes nacionales en la PSU no ha participado en marchas".

Dentro de los datos que recaba el sondeo realizado por los periodistas C. Palma y E. Cabrera para diario La Tercera consignan:

Un sondeo de La Tercera efectuado a 200 jóvenes que lograron puntaje nacional en la última PSU -el 59% de colegios particulares pagados, el 17% de subvencionados y el 24,1% de municipales- reveló que el 42% está de acuerdo con las movilizaciones y tomas y otro 17% apoya el fondo, pero no las tomas. Sin embargo, tienen poca participación y conocimiento del tema. El 72% conoce los principales puntos del petitorio estudiantil, pero la mitad no está informada de las propuestas del gobierno y otro 7% apenas las sabe parcialmente.

A mi juicio el objetivo implícito de este reportaje es inducir o seducir a la conclusión de que los estudiantes exitosos, estudiosos y modélicos si bien pueden tener conciencia de los problemas dentro de una nación no se van a dejar 'ideologizar' por ellos. De algún modo confiarían en que los mecanismos tradicionales y el diálogo -tal como lo condicionan las autoridades- serán efectivos. En definitiva el exitoso, el 'mejor', puede reconocer las falencias pero no actúa, pues cree y confía en la institucionalidad. El periódico justamente intenta de presentar eso como el modelo adecuado.

Esto es el justo complemento del reportaje del diario El Mercurio, donde muestra abiertamente los promedios escolares y puntajes PSU de los representantes del Movimiento Estudiantil. Todos ellos tienen muchos menores puntajes, al parecer menor éxito, y consecuentemente están completamente involucrados en el Movimiento Estudiantil, al punto de ser sus representantes. Es el representante modélico del estudiante que se ideologizó.


Para mi, el reportaje de La Tercera, muestra otro aspecto, un aspecto mucho más aterrador, ensombrecedor y negativo de lo que implica ser 'buen estudiante' en Chile: el estudiante modélico, el estudiante estrella, es en definitiva un sujeto dócil. Que se adapta, que se ajusta, que, en definitiva, saber cómo moverse en las estructuras existentes. Acepta lo que hay como lo verdadero y sigue las reglas del juego. Espera que factores externos a él regulen lo que se despunta, lo diferente. Si es creativo, tan sólo utiliza de modo divergente (pero no rupturista) los elementos existentes dentro de la lógica ofrecida.

Lo que se muestra, en definitiva es que el concepto implícito que tienen los medios de comunicación de masas y el Estado (esto en tanto lo que mide la PSU es justamente el criterio de selección de la excelencia) es un concepto técnico de estudiante.

Es por esa razón que tanto La Tercera como El Mercurio pueden disociar e incluso escindir como tipo ideales distintos al "alumno de excelencia" del "alumno ideologizado", justamente porque no comprenden que el Estudiante (ya no 'alumno') tiene conocimientos técnicos para construir y hacer políticamente un país.

Justamente dentro de este modelo educativo es iluminador entender que muchos de los estudiantes que no tienen completo éxito académico no se debe a su 'baja inteligencia', a su 'poca motivación' o a su 'flojera', se debe a que se resiste a ser dócil, a aceptar los cánones que le ofrece un sistema deshumanizador.

Vemos que las demandas del Movimiento Estudiantil justamente van en esa línea: eliminar la dislocación entre política y conocimiento, y rearticularla para construir un mejor país.







martes, 25 de mayo de 2010

Marx paga su pasaje: Un comentario a propósito del alza de precio en la locomoción colectiva.

Sabemos ya que el pasaje de microbus ha subido dos veces en tan sólo un mes. No es algo nuevo. A la vez han aumentado la fiscalización, el control y multa a aquellos pasajeros que se movilizan sin pagar.

El gobierno de Sebastian Piñera justifica tales súbitas alzas de precio debido a que los pasajes impagos provocarían el colapso y el mal funcionamiento del sistema de transporte público, por lo que el único modo de volver a la homeostasis sistémica sería a través de la regulación (alza) del pasaje. Producto de esto, afirman también, se debe el aumento de la fiscalización. La fiscalización contribuiría a evitar nuevos desajustes del sistema, y por ende, nuevas alzas.

La cuestión, como sabemos es que el gobierno no cuestiona la lógica a la base de todas las decisiones tomadas, sino que cuestiona que la gente no se ciña a dicha lógica. Eso se manifiesta en la hiperresponsabilización, que hace el gobierno, sobre los pasajeros en cuanto a las alzas.

Tal manto ‘ideológico’, que se encarna con evidencia en el spot del Gobierno que reza ‘No meta la mano. No meta la mano en el bolsillo: pague el pasaje”, da cuenta cómo es que encarecidamente se intenta de desviar la mirada desde la estructura, o la lógica general, hacia los componentes, es decir, las individualidades.

El Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones comenzó la campaña contra la evasión en el Transantiago. Esta iniciativa que durará todo el año, contempla duplicar la cantidad de fiscalizadores en las calles, sumar a Carabineros de Chile y a los inspectores municipales en el control de la evasión y reforzar las sanciones para quienes evaden el pago con la Tarjeta BIP.

“Buscamos crear un cambio de hábito en los usuarios que evaden, de manera de que vuelva la cultura cívica de pagar por lo que se usa”, explicó la Coordinadora General de Transantiago, Ana Luisa Covarrubias. Esta evasión, esta llevando a que los que sí paguen subsidien con su pasaje a los que no pagan. “No vamos a permitir que los usuarios que son responsables paguen por aquellos que se niegan a pagar”, agregó.



La cuestión que se levanta aquí, es la siguiente: o los pasajeros compiten entre ellos, como si ellos fueran de hecho responsables de las alzas del pasaje, y a su vez de que el sistema de locomoción se pauperice (es decir, interiorizan la ideología) o se reúnen con el fin de establecer un conato con aquellos que siguen manteniendo y naturalizando el modo como funciona el sistema de transporte, y asimismo la sociedad in toto. Dicho con al modo de Rulfo: “O flotamos juntos o nos hundimos separados”. Esto último sería conformar –tal vez momentáneamente y en un sentido conceptual espúreo- una clase.

Ya Marx lo habría dicho (y es a partir de lo que me motivé a hacer esta anotación):

“Los diferentes individuos sólo forman una clase en cuanto se ven obligados a sostener una lucha común contra otra clase, pues de otro modo ellos mismos se enfrentan los unos con los otros, hostilmente, en el plano de la competencia” (Marx & Engels, La ideología alemana)


Como siempre la responsabilidad está en nosotros.

Vale un último comentario: tal responsabilidad no implica tan sólo decidir voluntariamente el no-pago del pasaje. Aquello no atenta contra el sistema, sino contra los otros pasajeros. Lo que atenta contra el sistema es la organización social y el desmontaje de la ideología, y no –lo repito- el individualismo vandálico de pequeña monta y el despecho pequeño-burgués.

Es obvio que si Marx estuviera desplazándose por el transantiago y no viera movimientos sociales constituidos con metas claras y todo lo demas no evadiría el pasaje por evadirlo, sino que responsablemente (y también con decepsión) pagaría su pasaje. O dicho en actual: es obvio que Gabriel Salazar paga su pasaje, a pesar de lo marxista que sea.

lunes, 8 de marzo de 2010

El televisor de plasma o sobre la obscenidad del capitalismo

Las imagenes televisadas de un sujeto llevándose un televisor de plasma de un supermercado ha sido el contra-ícono de lo que los chilenos quieren reflejar sobre las consecuencias del terremoto: la caridad, la responsabilidad, la ayuda. Esta cara, el anverso a la imagen recién señalada, es la ya cristalizada e institucionalizada imagen de un hombre con aparente convicción, que levanta una bandera chilena empercudida, embarrada y deshecha en medio de la catastrofe. Estos son, pues, los dos imaginarios que recorren el remesón del terremoto.
Es evidente que algo de oscuro y obsceno refleja la primera imagen destacada. Lamentablemente me parece que los focos públicos (periodistas, analistas y opinólogos) que han intentado ilustrar tal fenómeno no ha acertado en pensar qué es lo propiamente obsceno de la imagen de alguien robando un televisor de un supermercado en un ambiente de destrucción.
El análisis ha ido enfocado en el ambiente de 'saqueo', 'amoralidad', 'pillaje', 'anomia', 'psicopatía', 'antisocialización' de los grupos que se han visto implicados en tales pasajes al acto, cuando el análisis debiese ir más allá del acto mismo, a saber, a la ideología que inscribe y da sentido a tales acciones.
En efecto, lo obseno de esa imagen no es el hecho del robo de una televisión; la obscenidad que allí se manifiesta se detecta en lo descarnado e interiorizado de la ideología capitalista en nuestra alma nacional. Cuando un sistema entero colapsa y se deteriora la 'falsa conciencia' instaurada se hace patente el montaje ideológico para los implicados. Nos hemos dado cuenta como muchos afectados afirman que el dinero no importa en estas circunstancias, que lo necesario y fundamental es el pan para comer, el techo para guarecerse, la leche para beber y alimentarse. Dicho en otros términos, el valor de cambio y su fetichización ceden al primario valor de uso: es esperable que las cristalizadas y sedimentadas relaciones sociales naturalizadas en los objetos cedan a su 'para qué sirve' en el contexto.
Esto se aprecia exactamente en las primeras escenas de un film de animación japonesa de Sumusu Takaku y Tooyo Ashida, 'Hokuto no Ken' [El puño de la estrella del norte] (1986). En las primeras imágenes nos contextualizan en un escenario post-apocalíptico: vemos una hueste de personas caminando a través de un desierto, que en alguna época previa al desastre correspondió a una ciudad llena de vida. Tales personas se desplazan como nómadas de un lugar a otro con todas sus escazas pertenencias: un cuchillo, un trozo de pan, agua; en definitiva viveres de primera necesidad. En el trayecto un grupo de cuatreros los intercepta, matando al grupo con el fin de robar sus pertenencias. Uno de éstos corre despavorido, lo vemos con un terno, parece oficinista; resguarda y aprienta contra su pecho una maleta. Uno de los asaltantes lo persigue en caballo y le entierra una lanza hiriéndolo de muerte. El asesino abre el maletín esperando algo valioso; sin embargo sólo encuentra una cantidad incontable de dólares. Muy molesto el cuatrero tira el maletín y los billetes vuelan sobre el oficinista ya muerto. En esa escena se monta de forma muy gráfica la obscenidad del valor de cambio; la ridícula insistencia de la ideología en un momento en el que ya debería estar completamente muerta y acabada.
Del mismo modo, y es lo que se aprecia en la ya tan mentada imagen, el valor de cambio y la fetichización de la mercancía siguen en pie. La ideología sigue montada y funcionando a pesar de lo ridículo, obsceno e incoherente que se muestre, ya que la ideología sin quererlo ha mostrado los mecanismos artificiales e impuestos que la hacían funcionar. El sujeto que roba la televisión en vez de leche, ha 'capitalizado su alma' (si se me permite el neologismo): transforma en oro todo lo que toca, como reza el cuento del Rey Midas, aún cuando tal habilidad pierde total sentido en el contexto.
No es lumpen, ni psicópatas, ni enfermos, ni desalmados los que roban televisores.; es el sistema capitalista que irrumpe y coloniza todo a su haber incluído la subjetividad de las personas.
Eso es lo obsceno de tales imágenes. Ese es el escozor que nos da, sin darnos cuenta de sus causas. Vemos lo degradaror y obsceno del sistema mismo cuando llega a sus consecuencias límites y exacerbadas (como el cuento de Midas recién citado). Esa misma obscenidad y su consecuente tirria y escozor es el que producen las universidades y clínicas que se encuentran al interior del malls, por ejemplo: el soporte que ocultaba el andamiaje artificial y engañoso de la ideología es transparentado sin ninguna verguenza. A pesar que el sistema muestre lo ideológico de la ideología el engranaje sigue funcionando.
Y es por eso que la mayoría de los análisis sobre la gente robando televisores de plasma, lavadoras, cocinas y bicicletas no logran iluminar el fenómeno; puesto que suponen que el resplandor del fenómeno se acaba en el hecho mismo. Explican la criminalidad a través de la criminalidad. Y así esquivan el obvio hecho de que muchas veces son las estructuras profundan las que determinan los fenómenos visibles, o dicho en simple, la más de las veces, la criminalidad no se explica a través de la criminalidad, pues termina siendo una inútil y engañosa tautología.

domingo, 28 de febrero de 2010

Notas a propósito del terremoto...

I

El terremoto ocurrido hace poco más de dos días (27 de marzo) a eso de las 3:30 am estremeció a todo el país de un modo particular. No sólo porque ha sido uno de los más fuertes en el mundo y en Chile (8,8º Richter es la medición oficial), ni porque alcanzó más de 1.200 km del país; tampoco debido a que la séptima y octava región han quedado enormemente destruidas; no es por las pérdidas humanas, que según las cifras oficiales alcanza poco más de las 700 personas y es seguro que sigan aumentando. A mi juicio, lo que fundamentalmente le da un tenor particular a este dramático desastre se debe a la imposibilidad de darle sentido, capturar y encontrar un rostro culpable de todo lo sucedido. A eso se suma la actual posibidad de una masiva entrega de información en tiempo real, posibilitadas y filtradas por los medios de comunicación, y que nos hacen experimentar una realidad que va más allá de nuestro contacto directo. Como sabemos, la realidad de nuestro tiempo actual está estructurada fundamentalmente por imagenes; imagenes entregadas y filtradas por las tecnologías de la información y la comunicación (TIC's).

Esas dos coordenadas -la de exposición a imagenes o experiencias y la de lo insimbolizable de éstas- son las condiciones propias de lo traumático.

I I

Los medios de comunicación son claramente performativos. Hemos visto que durante los últimos dos días éstos se han dedicado a mostrar un conglomerado de catastrofes. Algo así como un puro concentrado de imagenes que connotan la destrucción material, la pérdida vital, la devastación personal, la angustia y la anomia. Entonces toda esta devastación no esta siendo vivida minuto a minuto solamente por los implicados sino y seguidamente por toda una serie de personas que no están cercanos a tal desastre. Podemos afirmar del mismo modo que lo que es mostrado por los medios de comunicación no es visto por aquellos que más duramente fueron golpeados por tsunamis y terremotos. Debemos ser capaces de entender que la realidad (o dicho en sociológico: 'la construcción de la realidad social') está configurada por la información y las imágenes entregadas. Así podemos concluir que la imagen generar de lo que entendemos por nuestra realidad cercana es una profunda sensación de total destrucción, a pesar que de hecho no es tal. No afirmamos que no haya destrucción, sino que en lugares con Santiago -por ejemplo- se sobredimensiona la vivencia de lo catastrófico a niveles exponenciales: sentimos un gran trauma en donde no hay herida alguna.

I I I

Estos eventos que entran en la aparente recta línea de nuestra vida de modo súbito es lo que Lacan nomina 'lo real'. La peculiaridad de lo real -que no es, por cierto, que sea elaborada por Lacan- es una vivencia que rompe con todo órden: no es esperado como acontecimiento, no puede entenderse una vez sucedido, con el acontecimiento pasado-presente-futuro serán reescritos; en definitiva, el órden de lo simbólico no lo logra captar, queda como un resto excluido de la nominación, de la comprensión. Ese encuentro con lo siniestro, brutal, intolerable e improcesable es lo que nominamos como lo Real.

Al ser nosotros, humanos, seres que habitan continuamente -aquello que Heidegger nominaba como 'la casa del ser'- el registro del lenguaje, del habla, de los símbolos, intentámos continuamente abarcar lo inabarcable de lo real apalabrándolo. Sin embargo, como nos podemos dar cuenta, tal labor es estructuralmente un imposible. Sólo un ejemplo en el nivel de lo personal: no por hablar de la muerte súbita de un familiar, el nudo de lo real quedará resuelto; siempre quedará un nucleo indecible.

Esta superficie vacía de palabra, como es el terremoto, que pulsa continuamente, que nos angustia ante la incontrolable inminencia de su potencial aparición, inevitablemente obliga a buscar respuestas. Una de éstas me interesa particularmente: sabemos que desde el momento del terremoto ha habido una oleada de personas que han atiborrado las estaciones de servicio de combustibles con el fin de cargar los estanques de automóviles, las filas de espera llegan a cuadras; los supermercados han sido otro foco conflictivo puesto que se han atiborrado de personas y, lo notamos, las compras han sido superiores a las normales y muchos se han dado la licencia de ir a sacar mercadería de centros comerciales. Por otra parte he oído mucha gente que señala que estos desastres se unen a una oleada de otros de igual magnitud, lo que configuraría una especie de cadena singular nunca antes vista que nos intenta entregar un mensaje: algo así como el apocalípsis, el fin de los tiempos, el fin del calendario.


Si nos damos cuenta lo que estas personas buscan con el sismo es un supuesto mensaje que debe ser desvelado tras el lugar del sismo, que en sí mismo está vacío de todo contenido, cuando en realidad el mensaje posible es el ser mismo del sismo, a saber, el vacío de palabra de éste; es decir el mensaje es justamente el objeto que en la catastrofe se resiste a toda simbolizaciión, o dicho con Mc Luhann: el medio (el desastre) es el mensaje (en sí mismo). Zizek afirma en el mismo sentido:

Cuando la carta llega a su destino, la mancha que arruina el cuadro no queda abolida, borrada: lo que nos vemos obligados a captar es, por el contrario, el hecho de que el verdadero ‘mensaje’, la verdadera carta que nos aguarda es la mancha misma. (Zizek en 'Goza tu síntoma' p. 21)

I V

Como conclusión de esta situación parece productivo y sensato los dichos del mismo Zizek: "Sencillamente lo que debemos aprender a aceptar lo real de esa crisis en su actualidad carente de sentido, sin cargarla con algún mensaje o significado". En efecto, las lecturas apocalípticas, o las desestimaciones de lo que sucede quitan toda la carga material que nos puede entregar el fenómeno como tal para elaborarlo. Tal distancia que hay que tomar nos debe conducir a una conclusión importante sobre la actual crisis, para lo cual citaremos a Zizek (y en esto ya parecemos fundamentalistas citando a su texto sagrado): "El hecho de que el hombre es un ser hablante significa precisamente que, por así decirlo, está constitutivamente 'fuera de carril0, marcado por una fisura irreductivle que el edificio simbólico intenta reparar en vano. De tanto en tanto, esta fisura hace irrupción de alguna manera espectacular, recordándonos la fragilidad del edificio simbólico...".

V

Si algo productivo tiene este enfoque que toma los aportes de Lacan, es precisamente que sabe detenerse en algún momento en la búsqueda de sentido y significados de los hechos. Tal vez ese es el mensaje y la lección que debemos aprender del terremoto, y al mismo tiempo parece que ese es el mensaje que tiene que entender parte de las ciencias sociales: como la sociología, el evolucionismo, la psicología y el socioconstruccionismo; tan sólo por mencionar algunos.

martes, 26 de enero de 2010

Cuando nadie confia: o sobre Piñera como presidente

El triunfo de Piñera ha clamado para algunos una especie de retorno de lo reprimido. Como bien sabemos, desde que Pinochet fue procesado en Londres, la derecha más conservadora y pinochetista no fue lo mismo; y es que el destierro simbólico e imaginario de su padre fue tal, que todo ese sector que hasta el correr de 1998 se sentía legitimado para defender a Pinochet recalcitrantemente, sufrió un devastador trauma.

El orden del discurso cambió en Chile tras ese arresto. El informe Balech y la aparición de las cuentas secretras haría lo suyo también. Pinochet perdería ese talante omnipotente, y se daría paso de una época post-pinochetista. O al menos eso parecía por el mutismo de la derecha.

Todo este proceso traumático queda maravillosamente expuesto (más por las imágenes que la construcción general de la obra) en el documental de Marcela Said, 'I love Pinochet' (misma directora de 'Opus dei: una cruzada silenciosa').

Luego vendría un remezón con la muerte del dictador. Como una metástasis, o un brutal pasaje al acto, irrumpirían el espacio de lo público este grupo de Pinochetistas. Era esperable, por cierto; quién no rendiría honores a su padre para darle digna sepultura. Lo curioso, como sabemos, es que el grupo que rendía pleitesía al dictador no eran solamente los escleróticos y anacrónicos derechistas de la dictadura: se encontraba también una cantidad no menor de jóvenes pinochetistas.

Aparentemente la muerte real, simbólica e imaginaria del padre haría pensar que ya era seguro que Pinochet como figura social, no aparecería en el espacio público: tan sólo se quedaría en la privacidad del armario, de las recámaras y, a lo sumo, en las reuniones íntimas de estas familias.

Ya nos damos cuenta que tal conclusión, no es sino una proyección de nuestros deseos. Una simple inocencia e ignorancia de las esferas con poco contacto político con la derecha.

El triunfo de Piñera hizo que reemergieran con todo el peso de la noche los recalcitrantes pinochetistas. Pudimos verlos en la calle y en los medios de comunicación. Con fervor llenaron las calles: en Plaza Italia el pinochetismo más humilde y frente al Apumanque el pinochetismo más acaudalado.

Se escuchaban salmos, réplicas y vituperios en contra de los comunistas y bendiciones y laureles para Pinochet y Piñera; en muchos casos se percibía un desplazamiento del amor a Pinochet hacia Piñera. La violencia y la odiosidad de los insultos no deja de llamar la atención, entre los que se escapaban algunos más suaves como "Poropopó, poropopó, el que no salta es comunista maricón"; "Comunistas, culiaos, cafiches del Estado"; "General Pinochet, este triunfo es para usted". Sin embargo la división y el odio llega a extremos más elevados: "Morir luchando: marxistas ni cagando", "Con los huesos de Allende haremos un gran puente; con los huesos de Allende haremos un gran puente, por donde pasarán Augusto y sus valientes" y "Comunistas, maricones, te mataron los parientes por güeones".

En efecto, tales manifestaciones evidencian la existencia de un trauma psicosocial que ha calado hondo, y que las intensiones políticas de la derecha por mirar al futuro no hacen desaparecer una herida abierta. Se nota en los hechos que el oponente político no es mirado como tal, sino que le hace ingresar en las coordenadas de un 'enemigo'. Tal reinserción simbólica del otro que difiere no pretende persuadir ni argumentar para cambiar, sino más bien desea un súbito pasaje al acto que termine por hacer desaparecer a la diferencia. La no-identidad se paga con el precio de desaparecer.

Ahora bien, no sólo han resurgido los discursos pinochetistas en la palestra pública, sino que también ha reaparecido otro discurso intimamente ligado: el de la derecha conservadora latifundista. Dicho resumido este discurso ensalza el capitalismo salvaje y el catolicismo recalcitrante; sus medidas son totalizantes y pragmáticas, ya que se fija en los fines y no en los medios. Entre estos decires se encuentra el deseo de la CNC (Cámara Nacional de Comercio) de bajar los sueldos mínimos y flexibilizar las condiciones laborales en lo que respecta a seguridad y movimientos colectivos (nota aquí) o también la intención de Moreira de que se realice un Toque de Queda para el 11 de septiembre (nota aquí)


Lo curioso de todo (y esto es una de las cosas centrales de mi reflexión), es que Piñera en campaña nunca ha apoyado ni a este tipo de Pinochetismo ni a este tipo de conservadurismo-latifundista.

Si uno lee el Programa de Gobierno de Piñera puede fácilmente darse cuenta de eso. Por mencionar algunos respaldos, basta echar un ojo en el capítulo II 'Hacia una sociedad de Seguridades', en donde afirma cuestiones como un sueldo familiar ético o el incentivo de seguridades laborares como son la capacitación, solidez y duración de los empleos, y también cuestiones como el fortalecimiento de los Sindicatos. También, en el capítulo I, se afirma que no se desea empequeñecer al Estado (al menos más de lo que ya disminuyó la concertación). Inclusive Piñera pretende reforzar el tema de la Violación de los Derechos Humanos en Dictadura. Cito directamente el punto 2 del apartado "Fortalecer los Derechos Humanos":

Reforzar una política para enfrentar las situaciones del pasado orientada por valores de verdad, justicia y reconciliación. (p. 151)
Eso mismo no sólo se pudo apreciar en su Programa, sino en los medios de comunicación, como en el debate presidencial, cuando se le imputó que privadamente habría asegurado que no habrían juicios para mandos militares (nota aquí y aquí); del mismo modo que sostuvo que no se asignarían ministros que lo fueron en dictadura (nota aquí).

En suma, Piñera se distanciaría de modo claro y enfático de aquellas miradas y perspectivas más oscuras y álgidas de la derecha chilena. Y como ya se pudo ver, cierta parte de la derecha se siente de todos modos con plena legitimidad para proferir públicamente tales ideas.

Al sentirse legitimada la derecha dura, se deja colar que ésta, desde algún lado, escucha que los mensajes de Piñera afirman un gobierno conservador, anacrónico y fascista. Esto indica que una parte de los que votaron por Piñera no confía en éste. En efecto, no confían lo que locutivamente afirman sus palabras. Si en algo de ésta palabra confían es precisamente en aquello que no se dice; en lo ilocutivo.

A su vez podemos llegar a la misma conclusión respecto a los ciudadanos que no están de acuerdo con Piñera. No desean que Piñera llegue a dirigir Chile porque precisamente no confían en lo que dice Piñera.

Así podemos concluir que en efecto existe un acuerdo entre ciudadanos de derecha e izquierda: no confiar en la palabra de Sebastían Piñera.

Este hecho fundamental y curioso nos deja ver que una parte más pequeña que grande legitima el gobierno del electo presidente. Y la legitimidad de un gobierno es uno de los atributos políticos más importantes para el sostenimiento de un Estado de derecho. Además pensemos que haga lo que haga una parte importante de la población estará descontenta: si es progresista la derecha estará molesta, y si es conservador la izquierda entonces ocupará ese lugar.

Cabe preguntarse entonces, ¿hasta qué punto se puede sostener un gobierno montado sobre la desconfianza?, ¿qué hacer con este nivel basal de descontento?, ¿cómo logrará crear una sociedad de unidad nacional si su imagen ambigua permite esta paradójica situación? ¿qué salidas tiene de ese desfiladero?, ¿qué implicancias tendrá para el gobierno de Piñera esta escasa legitimidad ciudadana?, y más esencial aún: ¿Sebastian Piñera creerá algo de lo que él dice?

lunes, 18 de enero de 2010

Lo hiperreal de Piñera

El triunfo de la derecha no es algo inesperado. Se olía en el ambiente, y no sólo eso: se veía. Santiago estaba empapelado de Sebastían Piñera: gigantografías en los puntos más populosos de la capital; su logo de estrellas colocados en todos los postes de las comunas; Piñeras de tamaño real empuñando banderas de Chile se movilizaban a diario a distintas plazas y rotondas de comunas, custodiados por gente del comando; personas del comando en múltiples esquinas entregando panfletos, convenciendo y venciendo, persuadiendo y disuadiendo sobre la candidatura de Piñera.
Y no sólo en Santiago. En los lugares más alejados del sur los árboles
reemplazaban a los postes y los fundos a los puntos populosos; sobre ellos eran colocados e instalados pendones, carteles y lienzos de Piñera. Ese fenómeno nos grita lo obvio de lo artificial de lo natural: habitualmente consideramos a la naturaleza como lo indomito y reglado por leyes diferenciales y lógicas inabarcables para nosotros; eso es lo que buscan quienes acampan y se adentran en la espesura de la naturaleza. Sin embargo, uno se da cuenta que la verdad es que hasta 'lo más natural' está intervenido por el hombre, o dicho en lacanés que sólo tiene sentido cuando está atravesado por la coordenada de lo simbólico: sólo que el hombre lo interviene 'como si no lo hubiera intervenido': he ahí la labor de los paisajistas: mientras que el cientista social se encarga de 'la realidad', el psicoanalista de 'lo real' el paisajista entiende y moldea lo que es la 'hiperrealidad'.
La publicidad del candidato de derecha fue meditada, pensada, puesta a prueba en otros contextos; en ese estado de las cosas aseguraba su objetivo. Se nota que Sebastían Piñera si algo sabía era de la importancia de la imagen que proyecta, o más bien que hace que otros proyecten sobre él. Sabe (gracias a sus asesores) que el cuerpo habla a pesar de uno de ahí su cirujía plástica, de ahí su intento de control sobre los múltiples 'tics de boxeador retirado' (Carlos Peña) que lo asedian, y de ahí, evidentemente, su publicidad.

No es que apruebe meramente la hipótesis hipoalergénica de los medios de comunicación de masas que afirma que el interlocutor del mensaje mediático reacciona sin mucha resistencia a lo que se le intenta persuadir, como si tal acción se tratara casi de un arco reflejo. Es evidente que la victoria de la derecha, o más bien de Sebastían Piñera se debe analizar en base a muchos otros factores, como son el desgaste de la izquierda, la identificación con el discurso exitista, la potente trasgresión del 'sistema' sobre 'el mundo de la vida' (Habermas).

Lo que más me llama la atención de toda la publicidad de Piñera y que me hizo pensar que podría ganar desde el comienzo de la campaña, fue la de los spots televisivos de la Franja Electoral. Hay algo ahí muy meditado y que logra articularse para seducir y persuadir al televidente.

La escena se puede resumir de la siguiente forma: Un grupo, en apariencia expertos, sentado en un cómodo salón de reuniones conversan aireadamente sobre diversas temáticas de importancia para el país. En apariencia la escena no comporta ninguna novedad. Sin embargo la dirección, producción y montaje de esa escena nos entrega un material adicional incomparablemente valioso para el análisis y para el televidente entendido como público objetivo. Lo interesante es que el trabajo puesto en la elaboración de esa cinta es invisibilizado, enajenado de quienes lo producen: uno sólo ve a un grupo discutiendo. Claro, puesto que es ese el objetivo; tanto que el andamiaje que le da origen al resultado no sea visto como también que el origen de los efectos sea atribuido a los personajes de la cinta. Eso lo comentaré un poco más en detalle.

Si nos damos cuenta una de las características técnicas centrales de ese spot es referido a la cámara que filma. Se utiliza un efecto que se ha masificado mucho el último tiempo -sobre todo en cine- que lo denominan 'handheld cámara' o 'efecto de cámara-en-mano'. También es cierto que la música juega un papel central, sin embargo no es del interés de esta reflexión sobre todo porque rebasaría de texto e ideas, por lo que nunca terminaría el texto. Lo que sí se puede afirmar es que la música es tan importante que existen empresas que se sostienen de las bandas sonoras; una de ellas -y la más importante- es "X-ray dog music" que ha diseñado y compuesto la mayor parte de la música de los comerciales importantes y de las películas hollywoodenses.

Con el efecto de handheld camera es característico la rapidez del corte y el culto a la movilidad e inestabilidad del plano, como son los acercamientos repentinos, desenfoques y reenfoques del cuadro, titubeos del centro del plano, por ejemplo. Sin nos damos cuenta, puesto en práctica tal efecto técnino, la escena entrega un mensaje no-verbal de espontaneidad, y no sólo eso, sino que contribuye al aumento de la emocionalidad, pues los planos son (más bien se muestran) naturales, reales y contingentes. Pensémos tan sólo en películas como Saving Private Ryan ('Rescatando al soldado Ryan) de Spilberg, que nos hacen sentirnos como si estuvieramos in situ de la batalla campal de norteamericanos y alemanes; también sucede en la más conocida de las películas de Michael Williams, The blair witch proyect ('El proyecto de la bruja de Blair') donde de principio a fin se utiliza tal técnica, la que entrega las impurezas y errores típicos de las filmaciones convencionales, y en la cual uno como espectador se siente al interior mismo de las escenas, como si uno portara la cámara de mano. Como anécdota aparte, cabe señalar que muchos programas computacionales de la actualidad logran emular el efecto de la cámara-en-mano en cintas grabadas con cámara en trípode, tan sólo para darle más frescura y dinamismo a las escenas.

Lo central de esta cuestión es que tal efecto es una estrategia mentada, y no una consecuencia involuntaria o de la contingencia propia del momento de filmación (como lo es en los documentales), por lo cual la forma en que se grabó debe ser leído como una estrategia que de antemano quiere influirnos de cierto modo: en ese juego no se lee lo inconsciente, sino lo plenamente claro: al contrario de lo que parece este efecto necesita de mucha destreza; mientras que uno siente fenomenológicamente que los movimientos son involuntarios y debido a lo súbito de una toma adecuada, atrás de aquello hay toda una técnica y un método. Lo difícil es precisamente lo que vemos, a saber lograr que se vea natural algo que de hecho no lo es.

Recordemos que se vé un Sebastían Piñera muy concentrado, continuamente escribiendo con su lapiz pasta bic y poniendo mucha atención a lo que dicen sus interlocutores. Vemos también momentos precisos en los cuales cada uno de los expertos lanza frases de bronce en el presunto diálogo: muy certeraz y mordacez cuando son críticas, y muy constructivas y responsables cuando intentan plantear nuevas estratégias. Sin embargo, si uno lograra acceder a la cinta sin edición nos percataríamos que las discusiones entre los expertos del Grupo Tantauco, deben haberse repetido una y otra vez hasta la nausea; también sería evidente que las discusiones nunca llegaron a término, al contrario, nos daríamos cuenta que tan sólo se grabaron algunas ideas puntuales totalmente pauteados, pues si se dejara permiso para la espontaneidad del díalogo el material se alargaría ad infinitum; es más: nos daríamos cuenta que de hecho no hubo diálogo, sino más bien monólogos que gracias al montajista y a la posproducción se unen como si hubiese existido díalogo; al mismo tiempo notaríamos que esos acercamientos certeros que a la vez parecen efecto de la casualidad requieren de un movimiento monótono y demoroso del camarógrafo: un vaiven de zoom in y zoom out de enfoque y desenfoque, para que luego el montajista tomara los trozos que resultaron efectivamente la apariencia de casuales y certeros.

Es interesante la paradoja que plantea este efecto: mientras que uno ve espontaneidad atrás de eso se encuentra una cantidad excesiva de trabajo, de actores y equipo de producción que es completamente eliminado. Eso para Marx es lo propio de la ideología: un escenario en el cual se aprecia cierto estado de las cosas y un tras las bambalinas se reporta precisamente lo contrario (como el enano deforme que manipula sin que nos demos cuenta gracias a la disposición de una serie de espejos, que es él quien controla a la marioneta que juega ajedrez y que parece un altivo hombre con narguile).

Y no sólo esta paradoja salta a la vista eso, sino que también tales características que entrega el plano ante los ojos, como son la espontaneidad, la emotividad, la intimidad y cercanía, que alejarían a la grabación de lo planeado, pensado, mentado y arreglado son desplazados a los actores y personajes. No es que el plano sea espontaneo, sino que Sebastián Piñera lo es; el choque de la convicción y precisión de las frases que se aprecian en el spot con la inestabilidad y aparente imprecisición del camarografo nos hacen pensar en definitiva en un plano espontaneo en donde lo certero se debe a atributos internos del interlocutor: como su voluntad, su interés, su convicción. Y no a un planeamiento general de la escena.

Esto es hiperrealidad. Como dice Baudrillard en 'Cultura y Simulacro' (p. 55):

La hiperrealidad es "...una especie de escalofrío de lo real, o de una estética de lo hiperreal, escalofrío de vertiginosa y truculenta exactitud, de distanciación y de aumento a la vez, de distorsión de escalas, de una transparencia excesiva. Placer por exceso de sentido precisamente cuando el nivel del signo desciende por debajo de la línea de flotación habitual del sentido: la filmación exalta lo insignificante, en ella vemos lo que lo real no ha sido nunca (pero «como si estuviera usted allí»), sin la distancia de la perspectiva y de nuestra visión en profundidad (pero «más real que la vida misma»). Gozo de la simulación microscópica que hace circular lo real hacia lo hiperreal (es algo parecido a lo que ocurre con el porno, cuya fascinación es más metafísica que sexual)"
Lo hiperreal intenta mostrar como natural cosas que nunca lo han sido. El ejemplo de la pornografía de Baudrillard calza perfectamente como aplicación de lo hiperreal. Pensemos que tener relaciones sexuales nunca nos permite escuchar los sonidos que sí permite una cinta pornográfica, u observar los acercamientos y enfoques del coito que nos entregan los camarógrafos. Y no sólo eso sino que además esperamos imaginariamente que el sexo sea como las cintas porno: que la mujer gima al contacto con nuestro cuerpo, que lo único que desee ella es sexo oral, que la compañera pueda asumir posiciones inimaginables y sobre todo que la relación dure continuadamente un par de horas. Cuando no pasan estas cosas emerge la frustración. Digo esto último pues esa sensación entrega una clave sobre lo hiperreal: reemplaza a la realidad misma. En efecto, como dice Zizek, el cinema no sólo te enseña qué es lo que tienes que desear (una mujer, un automóvil, un político) sino fundamentalmente te dice cómo tienes que desear.

Y eso es en definitiva lo que sucede con la política actualmente. Lo audiovisual nos dice cómo tenemos que desear al político. Lo hiperreal de la cinta reemplaza la realidad del político: ya no importa si Piñera cometió un crimen al utilizar información privilegiada en caso del Banco de Talca, tampoco si fue desleal como socio con Ricardo Claro con las tarjetas de crédito, ni siquiera que hasta 1998 apoyaba acérrimamente a Pinochet; lo que importa ahora es que audiovisualmente se vea confiable, estético, fresco, activo, dinámico, espontaneo y certero.

Eso finalmente es la seducción: un montaje que se nos muestra como real y que nos invita a ser parte de él a sabiendas de los dos participantes que es una simple máscara. La política es una seducción más, un espectaculo. Ya no es un espacio autónomo de otros, sino un apéndice del cinema, que es el lenguaje del deseo en la posmodernidad o modernidad tardía.

Es eso lo que nos advertía Walter Benjamin en su 'La Obra de Arte en la época de su reproductibilidad técnica'

«Fiat ars, pereat mundus» (hágase arte aunque perezca el mundo), dice el fascismo, y espera de la guerra, tal y como lo confiesa Marinetti, la satisfacción artística de la percepción sensorial modificada por la técnica. Resulta patente que esto es la realización acabada del «arte pour l'art». La humanidad, que antaño, en Homero, era un objeto de espectáculo para los dioses olímpicos, se ha convertido ahora en espectáculo de sí misma. Su autoalienación ha alcanzado un grado que le permite vivir su propia destrucción como un goce estético de primer orden. Este es el esteticismo de la política que el fascismo propugna.



sábado, 16 de enero de 2010

Zizek conoce a Enriquez-Ominami

Hay una entrevista a Slavoj Zizek en donde éste explica de modo simple una de las tesis de su libro 'El títere y el enano' (Título que alude a la primera tesis de Benjamin de su 'Tesis de la filosofía de la historia). Esa entrevista aparece en el documental 'Zizek!'; documental y entrevista que les sugiero ver, a pesar que dicha entrevista es realizada por un clásico periodista de 'Talk-show'.

Para explicar la tesis de su libro, Zizek lo grafica con una situación: Un padre autoritario obligando directamente a su hijo pequeño que vaya a ver a su abuela que no soporta. El padre diría algo como: "Hijo, no me importa cómo te sientas, vas a tener que ir a ver a tu abuela quiéraslo o no. No tienes que adularla ni decirla que quieres, sólo tienes que estar ahí". La violencia y coerción de tal figura de autoridad sobre su hijo es directa. Algo muy distinto, dice Zizek, sucedería con un 'padre tolerante posmoderno' y ese mismo hijo. Le diría algo a su hijo totalmente distinto, cito directamente la entrevista -traducida al castellano: "Tú sabes lo mucho que te ama tu abuela, pero no obstante, tú debes sólo ir a visitarla si realmente lo deseas". Esta afirmación entrega al hijo, en términos locutivos, la opción de escoger libremente si va o no a ver a su abuela. Sin embargo esta opción es ilusoría, o más bien falsa. En el fondo hay una imposición, una coerción mucho más fuerte, a saber (en el nivel ilocutivo): "no sólo tienes que ir a visitar a tu abuela, sino que te tiene que gustar hacerlo". Esta postura de la figura de autoridad librepensante y progresista, contiene elementos mucho más violentos y disruptivos para quien padece las órdenes de éste. Dicho en fácil, la figura 'tolerante' en el fondo es mucho más ideológica, en tanto impone una falsa conciencia, con respecto a la figura tradicional.

Este ejemplo lo señalo sólo para comentar algo de la contingencia política actual: las declaraciones de Marco Enriquez-Ominami.

Como es bien sabido, el miércoles 13 de enero Enriquez-Ominami anunció públicamente, tras un largo silencio, que apoyaría a Frei. Señaló que:

Ante esta coyuntura histórica, ante la incertidumbre de que la derecha pueda llegar a impedir la marcha de Chile hacia el futuro, es de mi responsabilidad contribuir en lo que pueda para que eso no ocurra. Por tanto, declaro formalmente mi decisión de apoyar al candidato de este pueblo, el del 29 por ciento de chilenos que votaron."
Luego de lo cual señala:

"La libertad de todos ustedes no esta puesta en duda al ejercer la mia, ustedes son los únicos jueces de su conciencia y su voto. Ustedes son los mejores jueces sobre su voto, y yo respeto sin exclusión alguna su desición: La libertad de ustedes no está puesta en duda [...] por cierto declaro, sin cambio alguno, la libertad de acción de mis adherentes, subrayo, que declaro y confirmo la libertad de acción que declaré..."

Una lectura superficial, es decir locutiva, del acto de habla nos permitiría afirmar que Marco Enriquez-Ominami deseaba comentar públicamente su compromiso histórico y vital con la izquierda, y al mismo tiempo su rechazo a la derecha. Además nos dejó libremente decidir en quien votar: Marco Enriquez-Ominami, por ende, es un político trasparente, responsable y democrático.

Sin embargo, gracias a Zizek, podemos iluminar desde otro lado las declaraciones, que a mi juicio parece más eficaz y cierto. Evidentemente podemos diagnosticar que hay algunas cuestiones que parecen extrañas de su movimiento y de su discurso.

Lo que primero salta a la vista es el hecho de que el ex-candidato a la presidencia tome tribuna en un espacio público para informar una desición privada. Desición privada en tanto que califica su apoyo a Frei como una 'libertad mía' y también en la medida que declara 'la libertad de acción de mis adherentes', lo que la haría ingresar al universo de las libertades individuales. En efecto, una desición individual no tiene la necesidad de ser comunicada en el espacio de lo público, aunque sí debiese ser comunicada por cuestiones éticas a un público: a aquel público que pueda afectar la acción que considero llevar a cabo.

El punto recién señalado es importante, puesto que hay que preguntarse si afectaba a alguien que Marco Enriquez-Ominami votara en su intimidad por Frei. Evidentemente no: está en todo su derecho de votar por quien quiera en silencio y con discreción; tal y como sus adherentes o cualquiera puede votar por quien desee. Si lo hace por Frei, Piñera o deja nulo el voto no tiene por qué herir susceptibilidades, pues, desde una perspectiva liberal -que Enriquez-Ominami la conoce bien- ese tipo de desiciones privadas nada tienen que ver con su lugar de figura pública. Podemos inferir entonces que no tendría que haber tomado el pábulo para informar de su voto puesto que no afectaba a nadie su desición. Además, pero secundario, era evidente que iba a votar por Eduardo Frei: no sólo porque se podía inferir del hecho que es hijo tanto de Carlos Ominami y de Miguel Enriquez, como también debido a que durante muchos años fue de la concertación, sino debido a que se podía deducir. Recordemos que días antes dijo que no iba ni anular ni a dejar en blanco el voto, lo que es un mensaje del cual se deduce pragmáticamente que votaría por el candidato de la Concertación.

Es más, podemos afirmar incluso que si hubiese tenido que pedir la palabra públicamente para afrontar a un auditorio era precisamente para pedir disculpas por haber pedido la palabra públicamente para hacer ingresar un discurso privado en el espacio de lo público. Sabemos que eso tiene consecuencias. Un par de ejemplos: todos hemos tenido el deseo por la mujer de alguno de nuestros buenos amigo o por una de las buenas amigas de nuestra novia, pero de eso no se sigue que uno tenga que hacer público tal deseo y confesárselo a dicho amigo o a nuestra novia, respectivamente. Eso no es sinceridad, sino estupidez. Lo mismo ocurre en economía: la información es uno de los principales móviles de las inversiones; cuando uno ocupa un lugar importante dentro del sistema económico puede tener el presentimiento de que tal o cual empresa o bien no parece seguro, pero abrir la boca para decir tal intuición en público no lo haría ningun economista. En ambos ejemplos vemos como es que el acto de comunicar es el que performa una crisis en el sistema; en el primer caso quiebra mi amistad o mi noviazgo, en el segundo caso desbarajusta un sistema económico entero o lleva a la ruina una empresa. Es precisamente eso lo que acontece con Enriquez-Ominami, ya que en todos estos casos el acto de habla quebranta el sistema, pues como dijimos, hace ingresar algo del espacio privado en el espacio público: como dice Freud, mientra que el espacio individual es el de la libertad y el descenfreno el espacio público o social es el de las normas y el de la moralidad y cuando hago ingresar el descenfreno de lo privado en la reglamentación del público este último colapsa.

Ahora bien volviendo al asunto central debemos preguntárnos ¿cuál es el motivo de sus declaraciones si no tenía por qué explicar los motivos que impulsaban a su voto? Al parecer no habría, pues no cumple las condiciones mínimas de enunciación: enuncia algo que no tiene sentido ni importancia (pues es privativamente individual dicha acción) en un espacio social (es decir, en el cual deben entregarse informaciones de importancia pública). Así, la declaración pierde sentido ya que su acto de habla se transforma en un acto hueco.

Otra alternativa es suponer que su mensaje no pretende entregar el mensaje que está entregando, o dicho con los pragmalinguistas: el mensaje locutivo es distinto al ilocutivo. Y esa es nuestra hipótesis.

En efecto, Enriquez-Ominami entrega un mensaje muy ambigüo, incluso contradictorio. Como ya esbozamos, se entrega un mensaje privado en un espacio público, pero al mismo tiempo se afirma que las intenciones individuales del emisor son las de no influir al público. Llevar este mensaje a buen puerto es claramente una imposibilidad, como podemos ver. Si leyeramos esta acción con Watzlawick nos daríamos cuenta como en el nivel de contenido (el mensaje mismo) se dice 'no deseo intervenir', mientras que en el interaccional (el señalar el contenido en un espacio político y para un público de votantes) señala 'deseo intervenir', lo que es base para el doble vínculo y la esquizofrenia del interlocutor.

Más interesante nos parece leerla con Zizek, ocupando la estrategia lacaniana del " 'alguien con..." podemos jugar a "Zizek con Enriquez-Ominami". Primero que todo, sabemos que actualmente la política se relaciona directamente con la administración del poder: eso se busca, eso se consigue y por eso se desgastan a diario los políticos. Utilzando a Zizek para iluminar la política, podemos señalar que el político tradicional es homologable al 'padre enchapado a la antigua' que señala Zizek como el padre autoritario. El "porque yo lo digo" es un lugar común en la política; tan sólo veamos a dirigentes como Camilo Escalona o Ricardo Lagos. En la situación de la elección que se encontraba Enriquez-Ominami estos dirigentes habrían dicho algo como 'ustedes deben votar por Frei, porque es lo mejor para el partido y para la nación'. Si bien es una coerción directa y amenazante, al menos dice la verdad: lo mejor para el partido o para la nación no necesariamente es lo mejor para mi como individuo. El político busca conservar el poder y lo dice a la cara. En el peor de los casos de este mandato uno se puede resistir. Esa es la característica del poder: la resistencia.

Marco Enriquez-Ominami encaja perfectamente con la figura simétricamente opuesta de la política tradicional, y que Zizek denomina como el padre tolerante posmoderno (o hippie). Ya que a la vez que señala que algo debe hacer para que no salga Piñera ( 'es de mi responsabilidad hacer lo que pueda para que eso no ocurra salir la derecha') afirma que no desea coercionar a sus adherentes para que contribuyan al inminente peligro de que salga Piñera ('la libertad de ustedes no está puesta en duda'). Con eso Enriquez-Ominami intenta lograr en uno el -parafraseando a Zizek- "no sólo tienes que ir a votar por Frei, ¡sino que te tiene que gustar hacerlo! Allí yace toda esa ambiguedad, todo lo equívoco del mensaje, lo contradictorio. Ya que lo locutivo es lo único que queda registrado y tiene el estatuto de lo lógico mientras que lo ilocutivo se pierde después de enunciado y tiene un estatuto interpretativo, el emisor puede con facilidad desentenderse de lo ilocutivo del mensaje, y por ende caer en una actitud completamente antiética y sucia. Lo locutivo puede tapar como un manto el mensaje ilocutivo que pide a gritos que uno vote por Frei.

El mensaje de un político del estilo de Enriquez-Ominami termina por ser más sucio, desleal e ideológico que el poder directo y sin velo respecto a sus intenciones, como el de un Longueira que adora los avances de la modernización económicas mientras que desea mantenerse alejado de los avances de la modernización cultural y de las costumbres, para así sostener anacrónicamente una cultura del siglo XIX. Tal poder oculto y subrepticio, que se oculta estructuralmente como lo hace la ideología, no permite resistencia, pues es un poder como el que se presenta en las novelas de Kafka: un poder sin rostro y que sin darnos cuenta nos tiene a su merced.

A mi juicio esto es lo que Enriquez-Ominami debió haber evitado. Esto porque en definitiva Enriquez-Ominami, sin quererlo, ensució y empercudió su imagen pública mostrándo su lado más inconsistente.

Este acontecimiento nos permite iluminar el hecho de que la libertad en muchos casos está atravesada de poder y de ideología, a pesar de que el sentido común dictamine lo contrario y por último que el peor poder -como dice Foucault- es aquel que se quiere hacer pasar por libertad.

Al mismo tiempo nos puede entregar material para el futuro. Por una parte nos puede ayudar a intuir cuan inocente es la gente que sigue creyendo en Marco Enriquez-Ominami como un sujeto que no está cruzado por deseos, sino que está entregado a deberes históricos. Por otra parte, nos puede dar indicios de cómo sigue la memoria histórica del pueblo chileno, que inevitablemente olvida todo aquello que no debiese olvidar.